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Primera carta a los romanos

21 may

La última carta que, de momento y a falta de pocos días para el cierre de la campaña electoral, ha llegado a mi casa, corresponde a Unión, Progreso y Democracia. Como PP y PSOE, UPyD se dirige a mí de forma clásica: un A4 plegado en tres partes y la relación de todos los candidatos que conforman su lista al Parlamento europeo. La diferencia, en cuanto al conjunto, es el color del sobre: a diferencia del blanco pepero y socialista, el de UPyD es todo fucsia, el color característico de esta formación política. El texto epistolar es en sí mismo bastante largo, ocupando ligeramente más que la misiva socialista, bastante más que la popular y superando ostensiblemente el minúsculo párrafo comunista. En la esquina superior izquierda de la misma, la miniatura de la bandera comunitaria -ya saben, fondo azul y doce estrellas doradas- acompaña al logotipo fucsia perfilado en blanco del partido. Como detalle en absoluto baladí resalta el hecho de que UPyD es la única formación que ha incluido la bandera de la Unión Europea en su correspondencia electoral. El borde inferior del folio lo ocupa una foto rectangular del candidato de UPyD en estas elecciones, el señor Francisco Sosa Wagner, junto a la lideresa nacional del partido, la señora Rosa Díez. Sosa Wagner luce un blazer azul, camisa y pajarita; Díez, por su parte, aparece vestida de azul. En el margen izquierdo de la foto destaca el lema de UPyD para estas elecciones: en blanco sobre fondo fucsia, LA UNIÓN. Debajo, también en blanco pero sobre fondo azul, HACE LA FUERZA. La carta está firmada por Francisco Sosa Wagner.

LA UNIÓN HACE LA FUERZA

Respetado/a ciudadano/a  (Señor Sosa Wagner, tengo que quitarme el cráneo: gracias. Es usted el primero de los candidatos que no sólo no me tutea, ni me llama amigo, sino que me trata con precisión de lo que soy. Un ciudadano. No más, no menos. Celebro especialmente también lo de “respetado”, aunque nunca es completa la alegría en la casa del pobre: esa duplicidad en el género, ay, ay, cómo afea el conjunto)

Me tomo la libertad de molestarle unos minutos (De nuevo, gracias. Por abordarme con educación y entrarme con el tacto de un testigo de Jehová. Sin sátira alguna: se nota que sabe usted explotar muy bien con zalamería cívica el vacío formal que el resto de políticos han dejado en la interacción directa con el ciudadano. Eso, o está usted muy bien asesorado) porque es probable que mi nombre no le suene ya que represento a un partido joven (¿En qué momento un partido deja de ser joven y madura? ¿Hasta cuándo UPyD va a ser “un partido nuevo”? ¿Hasta que Internet deje de ser una “nueva tecnología”?) y como tal excluido, por el juego de los viejos intereses, de la presencia constante en los medios de comunicación. (Tampoco nos engañemos demasiado con esto, señor Sosa Wagner: el dinero hace milagros y abre huecos publicitarios en el ojo de una aguja)

Quiero significarle que, en un momento como el actual, caracterizado por la descalificación apresurada de los políticos (Lo de apresurado se lo concedo. Como todo lo que acaba convirtiéndose en doctrina general asumida por muchos, la crítica pura o lo primigenio de la queja se desvirtúa. Pero eso no quita para que no se tenga razón), yo me presento ante usted como un jurista cualificado por mi condición de catedrático de Universidad y autor de muchos libros tanto jurídicos como históricos y de ensayo (No percibo muy bien la diferencia entre los libros “históricos” y los de ensayo, salvo que se refiera usted a novelas. Bizantinismos aparte, congratúlome otra vez: es el primer candidato que presenta en su carta su hoja de servicios personal. Nada que añadir). Concibo pues mi dedicación a la política dentro de Unión Progreso y Democracia como un compromiso noble con su programa y, en especial, con la defensa de una España unida. No en balde el lema de nuestra campaña es precisamente: “La unión hace la fuerza”. (Me suena demasiado a cántico futbolero y no me lo imagino a usted, con esa pajarita, asomado al balcón de algún ayuntamiento de provincias celebrando el ascenso del equipo local)

He sido diputado por esta formación política durante estos últimos cinco años y de mi trabajo en el Parlamento europeo da testimonio el apartado “Lo que hemos defendido” en la página web de campaña upydeuropeas2014.es donde se recogen todas mis iniciativas, intervenciones, discursos, trabajos, informes, preguntas y demás actuaciones de la legislatura que ahora acaba. Me siento orgulloso de haber llevado a Europa denuncias ciudadanas y obtenido pequeños logros que sin embargo han sido grandes para algunos conciudadanos. (Por primera vez un partido, o un candidato, utilizan la web y Youtube para condensar, sintetizar y mostrar, en suma, lo que ya han hecho y no lo que dicen que van a hacer. Créame, señor Sosa Wagner, me tiene usted extasiado: corro peligro de caer electoralmente a sus pies por el mero hecho de aparecer tan diferente al resto de sus adversarios en este juego. ¡Siento en mí el fenómeno fan! Eso sí: Conoce a Paco Sosa Wagner. Mire, no. Iban ustedes muy bien hasta eso) Desearía seguir trabajando por una Europa mejor, lo que quiere decir una Europa más eficaz, más sólida y más democrática. También más transparente y más cercana a la ciudadanía. 

Quienes componemos la candidatura aspiramos a ver brillar con fuerza la idea de la solidaridad porque superar la brecha entre una Europa de acreedores y otra de deudores es una tarea imprescindible si queremos ir curando las heridas que aún supuran como consecuencia de la crisis (Es una perogrullada, pero sí, básicamente la distancia entre el acreedor y el deudor es lo que delimita el bienestar de una situación cualesquiera en la vida, así que no descubre usted tampoco América); una Europa que acabe de una vez con los paraísos fiscales (Me parece bien. Aunque una Europa que no asfixie tanto impositivamente a sus contribuyentes estaría incluso aún mejor); una Europa social que asegure los derechos de los trabajadores y que albergue un amplio Plan de empleo para jóvenes pero también para personas mayores (He visto de cerca demasiados planes de empleo públicos como para no tocar madera al leer esa maravillosa fórmula que ustedes agitan verbalmente como si fuese un bálsamo de fierabrás); una Europa que sepa aprovechar la fuerza que nos da la unión para mejorar nuestros transportes, nuestras comunicaciones, nuestra escuela y nuestros servicios sociales, médicos y asistenciales. Tengo el propósito de conseguir que se atienda especialmente a las situaciones de pobreza y precariedad para garantizar a todos suministros básicos como son los del agua, la luz y la calefacción. También una Europa que sepa aprovechar sus recursos naturales para generar una energía limpia (Imagino, porque es usted una eminencia y lleva ya cinco años en Bruselas, que sabe cuánto nos ha costado a los europeos -sobre todo a los españoles- toda esa inversión desmedida e interesada que en los últimos años se ha venido haciendo en energía limpia y que no ha derivado en otra cosa sino en una burbuja energética cuya rentabilidad es, ciertamente, dudosa); en fin, una Europa que logre integrar en nuestra sociedad a los inmigrantes que, procedentes de otros continentes, vienen a buscar entre nosotros trabajo y una vida digna. 

Esta Europa que UPyD quiere ayudar a construir ha de estar firmemente comprometida con la defensa de los derechos y libertades fundamentales que hoy han de ser bandera que nos distinga entre los ciudadanos del mundo. (Díganos algo acerca de las entelequias colectivistas que en el mismo corazón de Europa amenazan con romper la unidad de Estados miembros con delirios decimonónicos alienantes del hombre y de su condición de ciudadano libre) Con el fin de poder pelear por estos objetivos me atrevo a pedir su voto para la candidatura que encabezo de Unión Progreso y Democracia. (Tengo que decirle que es usted quien más y con más argumentos me ha hablado de Europa. Que es de lo que tratan estas elecciones. Ha sido un placer, dadas las cartas anteriores)

Francisco Sosa Wagner

Segunda carta a los macabeos

19 may

Dejo para otro día el reverso de la epístola mariana que completaba la correspondencia electoral del Partido Popular para conmigo con una carta de Miguel Arias Cañete, y me ocupo ahora de la segunda. Por orden de llegada, Izquierda Unida Los Verdes, convocatoria por Andalucía ha sido la siguiente formación política en comunicarme sus inquietudes electorales. La firma únicamente el candidato, Willy Meyer, a diferencia de la anterior. Es decir, lo de que Willy Meyer es el autor del texto de tres exiguos párrafos es una suposición mía, puesto que no vienen firmados por nadie. El conjunto epistolar es novedoso en su formato. Si el Partido Popular se dirigió a mí con un A4 canónico, Izquierda Unida lo hace con un papel de reducido tamaño, una especie de A7 desplegable compuesto por dos tiras pegadas entre sí por la parte superior. Uno de esos papeles adjuntos es la lista con todos los nombres de la candidatura. No tiene mayor interés. El principal, desplegable en díptico como digo, consta de un anverso en donde destaca el busto de Willy Meyer -sonriente a medias y por supuesto, sin corbata- con un rótulo rojo en donde se puede leer su dignidad sobreimpresionado en letras blancas. En la porción más grande de la pieza resalta el lema de la coalición: El poder de la gente. Debajo, el logotipo del partido. Contrasta la viveza de colores e imágenes del contenedor propagandístico de IU con la parquedad clásica del Popular.

El poder de la gente (Bonito eslogan: the power of dreams. Hubiera dado igual encabezar esto con un El poder de la lluvia. El poder del pueblo. No, quita, eso suena demasiado a bolchevique, y hemos quedado en que sí pero no. Pero desmenucemos esta ficción colectivizadora. Qué es la gente, a ver. ¿Todos los electores? Ahí también entran los políticos, claro. ¿Todos los electores salvo los políticos? Y de entre ese grupo, ¿la gente también comprende a los que no votan a Izquierda Unida? ¿Es gente el votante socialista? ¿El popular? ¿El de VOX? ¿UPyD? ¿Es gente el que se abstiene? ¿Y el que no vota? Aclárenme quién es el referente concreto de este sujeto global, que vivo sin vivir en mí. ¿Soy gente?

Sabemos que la mayoría estamos (Me cuesta identificar este plural: ¿de modestia, quizás? Me está usted haciendo la trece-catorce, querido Willy. Digo Willy por decir algo, porque la carta, repito, no está firmada, y ya podrían haber tenido el detalle de dirigirse a mí en nombre de alguien. ¿Quizá lo hacen en nombre del pueblo?) pagando injustamente la crisis (mmmmh….la deuda pública aumentó y aumentó y no dejó, ni deja, de aumentar, y no creo que de eso los españoles seamos del todo inoncentes. Por otro lado, la privada ya la están pagando los propios responsables: ¿no conoce usted a nadie que haya quebrado? ¿a nadie que haya tenido que despedir gente y reducir su negocio al máximo? ¿a ningún autónomo que esté hasta el cuello? ¿a nadie enfangado de deudas? Si eso no es “pagar la crisis”, dígame usted, entonces, qué es. Analicemos ahora el adverbio “injustamente”: si yo contraigo una deuda con un banco con el objetivo de pagarme una casa, y no puedo hacer frente finalmente a esa deuda, ¿se puede decir que la casa es mía, si no he terminado de pagarla? ¿es justo, pues, que yo no pague el dinero que debo? Está muy bien que usted nos tome a todos por tontos y nos envuelva en estas falacias emocionales, pero quizá haya que empatizar menos y asumir más las responsabilidades que uno, en plena posesión de su libertad y capacidades, adquiere) y que algunos la están aprovechando para quitarnos derechos que, como pueblo (Huye de quien te habla en nombre del pueblo, de Dios o de la patria, pequeño saltamontes), nos ha costado mucho conseguir. Derecho a un trabajo (Qué quiere decir usted exactamente, explíquese. O mejor, vendas fuera: dígalo claramente, exíjale al Estado que le asegure un puesto de trabajo por el mero hecho de nacer en España, que lo está deseando), a la educación, a la sanidad, a decidir si tener o no hijos (no creo que se conculque ese derecho en la Europa de hoy, honestamente) y a repartir mejor la riqueza que entre todos y todas creamos. (Está muy bien ese todos y todas, no vaya a ser que alguien crea que en Europa sólo trabajan los hombres. Al respecto de la riqueza creada y sin crear tiene usted mucha razón: por ejemplo, un número considerable de quienes ocupan alguna plaza en la administración pública o en alguno de los infinitos tentáculos de Mamá Estado son, desde el punto de vista de la distribución de la riqueza y del PIB nacional, unos entes parasitarios que harían llorar de emoción a los biólogos por la pureza de su comportamiento zoológico)

Quienes tienen cuentas en Suiza (Pero diga quién. Bárcenas, la familia Puyol, Urdangarín, o quién. Ponga nombres a su diatriba, no me sea cobarde: apellide su protesta, su denuncia, no la diluya en ese quienes que a nada le obliga, hombre. Sea gallardo y sostenga su razonamiento), los que sí han vivido por encima de las posibilidades de la gente (¿?), pretenden salir de la crisis a costa de nuestros derechos, nuestros salarios y nuestras pensiones. (Qué bonito le ha quedado. Para esculpirlo en mármol de Macael. Respecto a lo de los derechos, quien más cerca está de destruir las libertades personales en la España de hoy es la gente que como usted pretende subyugar el estatus del ciudadano al colectivo turbio, opaco y amorfo del Pueblo. Por fortuna, aún estamos a salvo. Respeto a lo otro, lo del salario, quizá usted no se de cuenta pero el mundo que heredamos de nuestros padres murió mientras nosotros nos preparábamos para gestionar las riendas. Vamos, que no nos dimos cuenta y nos instruíamos para una cosmovisión que jamás volverá. De esto no tiene la culpa el capitalismo salvaje, ni tampoco Ángela Merkel o los jinetes del Apocalipsis de la Troika y sus pérfidos acólitos que usted visualiza moviendo los hilos dentro del edificio de la Bolsa como los duendecillos jockeys de aquel capítulo de Los Simpson. Pero cómo me sorprendo de su miopía conceptual, si es usted comunista) Pero somos muchos y muchas quienes luchamos por un país diferente. (No se crea que somos tantos)

Si no te resignas (Otro que me tutea. A lo mejor le conocí a usted y a Rajoy en la barra de algún after y les di la mano y volvimos abrazados cantando el Seven Nation Army por el paseo marítimo, y ahora mismo soy incapaz de recordarlo. A lo mejor) a esta situación, si compartes que estos derechos no son concesiones, sino conquistas, votar a IU es una manera de decir alto y claro, aquí y en Europa, que es la hora, que juntos y juntas haremos que la política y la economía sirva a las personas, a la mayoría, al pueblo. (Y de que se es un poco tonto, también es una manera de decirlo alto y claro) 

Estas elecciones europeas, vota por la candidatura de IU. (Ya me iba a entrar la nostalgia del imperativo electoral. Deberían establecer una categoría específica dentro de los manuales lingüísticos, como tiene el condicional periodístico: el imperativo electoral. Vota, tú, merluzo, y mete un poco de ruido por el Pueblo, sacrosanta unidad de Destino)

Devaluación interior

19 abr

De habernos sobrevenido esta crisis económica hace 20 0 30 años, una de las posibles salidas hubiese sido la de la devaluación monetaria: le hubiéramos quitado valor a la peseta, y a vivir. Eso ahora, con el euro, es imposible, con lo que hemos quedado abocados a la inevitable devaluación interior: de costes, precios, salarios y rentas. Por devaluación interior yo entiendo además otra cosa: la que tenemos que llevar a cabo nosotros mismos, en dura pugna con lo que pensábamos que íbamos a ser y el punto desde el que debemos partir en realidad para lograr no ser lo que jamás creímos que podríamos acabar siendo. No sé si me explico. El caso es que aprecio en torno a mí una suerte de voluntad de cigarra que lleva a casi todos mis amigos, familiares y conocidos, a planificar su vida no ya desde el cortoplacismo más partitocrático sino desde la estacionalidad hecha forma de vida. Aquí se piensa en términos de invierno y verano, como si aún dominase la psyque del pueblo español una mentalidad netamente recolectora. Craso error, a mi juicio, cuando atravesamos un desierto sin Moisés que nos guíe ni tierra prometida que nos espere en ninguna parte. La devaluación, más allá de consistir en un ajuste legal de las condiciones de trabajo en España para hacer de nuestra economía algo competitivo y homologable en un entorno donde jugamos en franca desventaja, debe ser psicológica, y tan individual como colectiva. Hemos de asumir la mentalidad del cazador y meternos en el pellejo de un nómada, pues se asoman tiempos de acecho, constancia y salto de mata. Romper la no linealidad de nuestro horizonte, y tomarnos la vida como un avance permanente por territorio enemigo. Los españoles todavía seguimos esperando la llegada del verano como los judíos aguardaban el maná que caía del cielo. Algo saldrá en verano, seguro. Fijo que la cosa mejora, y al menos tenemos cómo pasar mejor el invierno. A una mala, que nos quiten lo que bailemos en la playa, borrachos de ron Hacendado mientras se nos hacen los ojos chiribitas mirando a las guiris en bikini con ojos de Alfredo Landa. Quizá esto no sea más que reminiscencia de la espera anual de la flota de Indias: es posible que aún visualicemos en nuestra mente el río de fortuna o al menos, sonrisa del azar que acompañaba siempre a aquellos barcos cargados de oro y plata cuando arribaban a nuestras costas; o quizá sea algo mucho más simple: seguimos siendo Los Bingueros, solo que 40 años después, y con estudios. La estacionalidad de la esperanza es una cosa como muy antigua, como muy de postguerra, y de ese rasgo psicológico tan propio de nuestros abuelos no hemos logrado desprendernos ni siquiera a la cuarta o quinta generación. Seguimos esperando el milagro de los panes y los peces estival que nos permita afrontar el invierno, puesto que al españolito de a pie el invierno se le figura como siete años de frío glacial, guerras y Caminantes Blancos trepando por el Muro. Lo puto peor. La devaluación interior que pregonan hemos de implementar, desde Bruselas hasta Tarifa, para ponernos al nivel de los alemanes o los franceses, sólo es técnica (y económica) en los papeles. La verdadera batalla estará en el interior de cada uno de nosotros. En lo que consigamos reajustar nuestras pretensiones de marajá a la realidad de payés que nos espera, estará la clave del asunto.

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