Tag Archives: Historia

Un hombre

3 Mar

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Un hombre. Tan sólo un hombre. Ni joven, ni viejo. Frontera de madurez y víspera de senilidad. Seguir leyendo

La novela prometeica

28 Ene

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Sinfonía napoleónica, escrita por Anthony Burgess, es una especie de novela de encargo. Seguir leyendo

16 de julio

16 Jul

El 16 de julio de hace 803 años tuvo que hacer un calor de tres mil pares de cojones. Sobre todo en aquellos cerros llenos de olivos cerca del pueblito jaenés de Santa Elena, donde 70 mil cristianos derrotaron a 200 mil almohades en el Día D de la Edad Media. Tres reyes españoles dieron la última carga, un tiro a ciegas en medio de la confusión y antes de sucumbir a la derrota, en lo que puede decirse antecedente simbólico más importante del federalismo en España. Seguir leyendo

Esperando a Grouchy

23 Jun

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La tendremos, dijo Napoleón el 18 de junio de 1815 por la mañana, al ver desde Le Caillou que ninguno de los 60 mil soldados de la coalición comandada por Wellington se había movido de su sitio desde Hougomount hasta Papelotte. Y la tuvieron, naturalmente. Seguir leyendo

Huellas de viejo

4 Ago

Desde que descubrí los libros de viejo mi suscripción a las librerías tradicionales ha quedado reducida a la puntual cita con las rarezas y los ejemplares de difícil adquisición. Gozoso de mí, Cuesta Moyano apareció en mi vida para iluminarme el rincón más especial del Madrid que conocí. Después del hallazgo de este tesoro, nada ha vuelto a ser lo mismo. Acudo a cada mercadillo con la avidez salvaje del soldado de infantería que saquea una ciudad en llamas, conquistada. En Madrid precisamente atrapé una biografía de Felipe II, mi rey favorito en dura competencia con su imperial padre, en cuya guarda reza una inscripción que por un instante me hizo sentir extraño, como un ladrón de tumbas asustado ante la tez iluminada del faraón al que expolia su cámara mortuoria. “Madrid, 5-XI-1999. Confiando en una amistad duradera que será amenizada por los libros, una afición común. Fulanito de Tal.” Pasmado por un instante ante esta revelación ajena de un afecto que trascendía -o eso imagino- la mera página en blanco de un libro de Historia, pienso en dónde acabarán todos esos libros que hoy retengo como el mayor ajuar del que me declaro orgulloso propietario. En qué manos. En qué época. En qué lugar. O lugares. Los libros son como seres vivos, y algunos van dejando un rastro de itinerancia errática, como la de un barco a la deriva capitaneado por el espíritu de un holandés borracho y maldito. Lo cierto es que, como buen fetichista -Freud hablaba del coleccionismo exagerado como un síntoma de personalidad obsesiva, qué horror, leí que eso también implica escasa inclinación hacia la actividad sexual y en el acto dejé de leer- creo que si algún día estas siete plagas que nos azotan me permiten encontrar un trabajo y, ya saben, iniciar mi camino, legarles un buen latifundio de libros a mi orgullosa prole ha de ser la mejor herencia posible en este mundo dejado de la mano de Dios.

Terratenientes de prosa castellana del siglo XX, hacendados de la historiografía, potentados de la novela del XIX. Mas, si esto no fuera posible, y los avatares de mi vida fuesen los de cualquier negrero barojiano tripulado por vascos ingobernables de Lúzaro, no me quejaría si mi pobre botín acabase en los escollos de algún puesto de viejo, manoseado por lectores intrépidos y comprados por bibliófilos sedientos de historias y escasos de sonante en los bolsillos. No sería, vive Dios, un mal plan, ni tampoco huero consuelo el pensar que si las obras que lograse parir se las tragara el agujero negro del olvido -por peñazos infumables, ya lo creo- al menos la posteridad conocerá mi firma: la que estampe en todos esos libros de segunda, tercera, cuarta y hasta quinta mano, que van apareciendo ante mí como boyas grises en el camino de un náufrago hacia la costa. Los libros de viejo son eso, y también son huellas. Bajo la mía, la de otras vidas, que no conocí ni tengo por qué. Tampoco conocerán las mía quienes firmen los mismos libros una generación después, como miembros de una hermandad anónima y dinástica: una estirpe de curiosos con afán de perdurar en el tiempo y en la distancia, a través de la letra hervida con la sangre de todas las historias que nos hacen ser lo que somos. La certeza de que un libro, ajado, roto y gastado, es mejor que la compañía de casi todas las personas que forman parte de nuestro espectro vital, hace que cada día me sienta más seguro y más triste. Como uno de esos piratas echados a la mar por un desamor truculento, la nuestra no es una cofradía de bucaneros de fortuna, sino todo lo contrario: una horda de desesperanzados con trabuco y breviario.

Monipodio del sur

18 Jul

A cuenta de los ERE en Andalucía y la posible -más que probable- imputación de José Antonio Griñán con la consiguiente dimisión y convocatoria de elecciones autonómicas anticipadas, se especula en tertulias y columnas de opinión con un hipotético resultado post-electoral en, digamos, 2014. El escenario más factible, paradójicamente, es el de una holgada victoria socialista. En este caso no estoy seguro de si el adverbio es preciso o sobra, puesto que la obscena incongruencia moral que supondría el que los andaluces legitimasen masivamente en las urnas al partido del que, como un octopus gigante, han salido los brazos que han saqueado las arcas públicas de la Junta, está fuera de toda duda; sin embargo, la aquiescencia moral de ese pueblo para con el socialismo raya en la complicidad cuasi íntima y eso, además de ser un hecho probado para cualquiera que conozca Andalucía, ha quedado demostrada en multitud de ocasiones anteriores. Una más, honestamente, no me iba a sorprender. Conociendo el percal. Por que, EREs aparte, el Partido Socialista Obrero Español ha convertido Andalucía en su cortijo, a la manera de los antiguos latifundios señoriales en los que se dividieron los reinos andaluces tras la Reconquista. Desde 1978, la región más poblada de España, y quizá la que cuenta con una mayor diversidad en sus recursos naturales, es también, o sigue siendo, la última en cuanto a nivel de vida de sus habitantes, a renta per cápita, a desarrollo estructural y a generación de riqueza, empleo y crecimiento. También es el principal granero electoral del socialismo español. Como los clásicos sátrapas de la Antigüedad,  gobiernan el territorio suspendidos en una telaraña socioeconómica y cultural tejida pacientemente -durante tres décadas, nada menos-. Sobre ella, un colchón. Mullido colchón hecho a base de clientelismo, favores, manipulación social a través de medios de comunicación y de la malhadada instrucción pública, y de toda una red de estómagos agradecidos guarecidos bajo un colosal paraguas administrativo, sobre el que la jerarquía socialista descansa tranquila. Segura de su posición. Tanto que se permite la frivolidad de pulsar el pause del botón político cada vez que una turbulencia agita las aguas internas del partido bajan escrofulosas, gangrenadas (no es de extrañar si manan de un nido de víboras y reptiles).

Y es que en la anulación sistemática de la alternancia política en Andalucía confluyen una serie de factores demográficos, culturales y estrictamente políticos que voy a reseñar a continuación. El primero es de orden histórico: la Andalucía rural vota con la zurda. La del campo, la vieja y estrecha Andalucía de los olivares interminables, las casas blanqueadas y las lomas bajas con las que Windows dibujó su ondulante fondo de escritorio una vez que Bill Gates debió veranear en la campiña de Jerez. La herencia de cuatro décadas de franquismo ha vertebrado aquí un corpus pseudo-ideológico en la psyque profunda del andaluz del agros, hijo de la masa de braceros sin tierra de los años 30, de la propaganda frentepopulista y de la laboriosa, casi mirmidónica, labor de zapa sociocultural del establishment socialista post-78. La contraposición entre ciudad y campo es en Andalucía más dramática si cabe que en cualquier otra parte de España. El sur urbano, burgués y universitario, hace mucho tiempo que abandonó la demagógica atalaya del Andaluces levantáos, pedid tierra y media de gambas; por contra, extramuros apenas nada ha cambiado, a pesar del fiasco tan obsceno de la segunda modernización de Andalucía, de los índices de paro críticos, de la desindustrialización lacerante y del atraso tecnológico respecto de todas las regiones de la zona euro. El abrazo del oso socialista todavía constriñe la mirada crítica del andaluz intergeneracional, de entre 35 y 65, que no ha terminado la ESO, lee el Marca y cuadra en su cabeza con precisión alemana los meses que necesita para cubrir el subsidio de los 400 euros por desempleo terminal. No digamos ya el efecto pernicioso que siete reformas educativas y el legado filial que ese mismo andaluz deja a los que vienen detrás: hoy, aún, mucha gente contempla como algo normal y cotidiano el que un niño de 13 años deje el colegio y en absoluto se plantee la universidad no ya como desafío sino como instrumento de prosperidad para su futuro inmediato.

Lo demográfico viene explicado, en parte, por la completa inoperancia de un Partido Popular andaluz cuyo departamento de comunicación debe estar subcontratado de forma vitalicia a la familia Picapiedra. Incapaces de diagnosticar cuál es su punto de partida –señoritos cortijeros, nietos del Caudillo, la oscuridad más demoníaca, etc- aún hoy, 30 años después de encadenar derrotas electorales en Andalucía como Poulidor administraba segundos puestos en el podio de París, demuestran una kafkiana autocomplacencia a la hora de enfocar comunicativamente la manera más adecuada mediante la cual puedan explotar las bazas propias, y ajenas, que en este momento tienen en Andalucía. La victoria pírrica de Javier Arenas en marzo de 2012 es un botón de muestra extraordinario: pocas veces un candidato afrontó unos sufragios con tan abrumadora ventaja sobre su adversario, y casi ninguna vez en democracia un rival se presentó a las urnas en una posición tan débil como José Antonio Griñán. La campaña pepera no pudo ser más apática, desinteresada y grotesca: el corolario fue la renuncia de Arenas a un cara a cara televisado frente a Griñán. Andalucía son arenas movedizas para el PP, y si sobre el piso resbaladizo patina un elefante borracho de absenta, es probable que la hostia se escuche hasta en Fernando Poo. Ignorantes de que la movilización de la Andalucía urbana, culta, cosmopolita y liberal es su única oportunidad de hacer frente a un sino histórico-cultural negativo, campan a sus anchas por una turbia zona intermedia, condenados a ser la segunda fuerza parlamentaria en Sevilla y a vivir en la nada más absoluta y ominosa hasta el fin de los días. El Virreinato, a pesar de la crisis, los escándalos de corrupción que habrían acabado con cualquier otro ismo que no se hubiese ocupado antes de tejer la manta con la que ahora se arropa el PSOE en Andalucía, sigue su curso. Inalterable al desaliento, al paso del tiempo, a los avatares del destino. Es probable que si mañana a Susana Díaz -la cantera del establishment sociata andaluz es como la Masía, una producción fordiana de querubines en serie- le descubriesen tres o cuatro cuentas en Suiza repletas de dinero público, a la satrapía del puño y la rosa solamente le bastase con mover una ficha de su gran tablero sureño para seguir gobernando las 8 millones de almas más parecidas a una mansa grey que ideólogo político alguno pudo haber soñado jamás.

Robar

27 May

Por @MellonRhum

Robar, ese el verbo de moda entre la clase política de este país. En Asturias también, desde los fondos mineros hasta el dinero para pagar “VillaMadalena”. Una de las causas, por otro lado, de la expulsión de Cascos del PP. Y hasta aquí quiero leer. Pero no sólo es dinero lo que nos roban.

Suprimen los términos “Navidad y Semana Santa” del calendario lectivo en Asturias y lo anuncian a los cuatro vientos. “Hemos conseguido sacar la religión de las aulas” pensarán muchos y muchas. Y perdonen que haga esta distinción: lo que no saben todas ellas (o quizás no quieran recordar) es que pueden decidir porque hace mucho, mucho tiempo, un señor en una cueva, amparándose en la fe cristiana, decidió que no iba a dejar que un musulmán se beneficiara a su hermana.

No es la primera vez que asistimos a este intento de borrar las raíces más profundas que generan nuestra identidad. Parece que en esta sociedad buenista abanderada no por políticos o grandes pensadores sino por deportistas de dudosa inteligencia (ese es el patio en el que nuestros hijos crecerán) hay que pedir perdón por los “genocidios” de cuando Hernán Cortés decidió conquistar el Imperio azteca o Pizarro el Imperio inca. Porque esos indios, a los que llevamos muchas cosas, eran unos seres pacíficos que sólo comían hierba cuales ñus en las praderas y no utilizaban las armas para nada, ni para desgarrar carne. “Genocidios” dicen, los socialdemócratas de mercadillo, que se avergüenzan porque su madre alguna vez les dio un potito de carne. Sin saber nada más que: que fuimos y les matamos. Les matamos porque nuestras armas eran más modernas, no porque ellos no supiesen pelear. Para eso tendrían que saber qué tipos de sociedades eran aquellas.

Las vacaciones de Navidad son de Navidad, porque nuestra herencia es católica. Sino lo fuera haríamos Ramadán y descansaríamos cuando el Sultán, el Rajá, el Emir o el Pope quisieran. Si ustedes quieren una herencia cultural distinta, tendrían que haber maniatado a Pelayo, a los Reyes Católicos, a Alfonso XII, a Felipe II… pero probablemente ellos eran más cultos que todos estos que mientras tanto siguen robando, a manos llenas. Riéndose de nosotros, los que les mantenemos. Aguantamos y aguantamos, bajando la cabeza. Legislan tonterías, pero de trabajar, nada. No saben lo que es. Por no saber no conocen las palabras “equinoccio” o “solsticio” y eso que los romanos tiraban cristianos a los leones.

Insisto señores, si no les gusta su herencia cultural, háganse ciudadanos del Congo. Y si escogen quedarse, paguen ustedes a asesores que tengan más imaginación.

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