Fútbol antiguo

13 Feb

El Real Madrid-Manchester United es un partido de claras connotaciones propagandísticas: las eliminatorias que ambos clubes ofrecieron al mundo en 2000 y 2003 son los alegatos más provocadores a la dictadura de la socialdemocracia futbolística imperante. Aquellos 4 enfrentamientos épicos son el molde del que salió mi visión de este juego. Uno encuadra el mundo durante la infancia, y todo lo que viene después sólo puede estirar, un poco por acá, un poco por allá y otro tanto por acullá, esa horma definitivamente fijada cuando apenas levantamos dos palmos del suelo. Desde entonces el fútbol para mí es Redondo imantando la pelota, haciendo orbitar Old Trafford en torno a su tango parsimonioso, lento, de requiebro, lleno de promesas y brindis de Gardel. Balompié hecho agitprop. Es sabido que Tyler Durden no pegaba fotogramas pornográficos en las proyecciones donde trabajaba empalmando cintas de 35 milímetros, sino imágenes de Ronaldo destrozando las redes de Barthez. El fútbol antiguo de los últimos 90 y primeros 2000 murió en aquella eliminatoria memorable, y el juego de playstation, soccer en modo arcade, se nos fue colando sin que nos fuésemos dando cuenta, como aquella rosca combada desde el lateral del área que Figo hizo entrar por la escuadra del United en el Bernabéu. El Real Madrid-Manchester es la respuesta de los que rechazamos ese fútbol plano, melindroso y mogijato encumbrado por tres o cuatro enanos de futsal que lleva demasiado tiempo haciendo babear a los nuevos catetos de gafas de pasta y pepino en el gintonic. Esa inmoral pretensión de sublimar la posesión como un fin en sí mismo es manierismo y decadencia: nosotros contestamos con esto. Será el primer combate en la era Twitter entre los dos gigantes del marketing y la imagen como elemento prestidigitador del negocio futbolístico,  y personalmente, como madridista, llevo esperando este momento desde que en mayo Ramos mandase a la luna el sueño de la Décima. Un nuevo capítulo de la gran novela del fútbol mundial está a punto de escribirse, y las viejas batallas llaman ya a que mi sangre entre en ebullición. Como en el 68, Wembley se esconde entre la bruma del horizonte, mas esta vez Best no se llama George sino Cristiano, también lleva el 7 a la espalda y viste de blanco.

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