Turcos a las puertas de Viena

3 Abr

Una vez, los turcos estuvieron a las puertas de Viena, y toda Europa tembló: fue el momento álgido del enfrentamiento continuado y sostenido a lo largo de varios siglos entre los hermanos Habsburgo Carlos y Fernando, y la Sublime Puerta. Cien mil terribles jenízaros, atusándose sus fieros bigotazos, marcharon de paseo desde Estambul hasta la capital del Sacro Imperio Romano Germánico, asolando los Balcanes a su paso mientras los enemigos de la familia de prognática barbilla entretenían a los tercios españoles en Italia. Dicen que la consecuencia de aquel inútil asedio fue el café: cuenta la leyenda que cientos de sacos de grano turco fueron abandonados en Venecia, donde desde entonces a los españoles les cobran diez euros por un capuccino en la plaza de San Marcos. Por adversarios históricos de la Serenísima y por guiris, supongo. El caso es que hoy otra horda de otomanos remontará la Castellana desde Recoletos, asomando sus coloreados penachos rojos por entre los árboles que dan sombra al paseo y asustando con su proverbial falta de señorío al pequeñoburgués y remilgado aficionado del Bernabéu. En pleno barrio del Gálata existe una mezquita, construida sobre una antigua iglesia dominica del tiempo bizantino, que fue dada a los musulmanes que en 1492 llegaron huyendo de Granada. Como con Etoo y Morientes, el destino del Madrí es tener que hacer frente a los rencorosos y desheredados del paraíso: siempre se encuentra alguno en su camino. Imagino que debe ser algún tipo de tributo impuesto por Yahvé por ser el pueblo elegido, o algo así. Pese a todo, ya es primavera y es de esperar que el Bernabéu anime mucho si se gana y enmudezca si a Drogba le da por cazar algún balón de entre las piernas de Sergio Ramos. Nada nuevo bajo el sol. El abonado madridista, de voluntad frágil y memoria voluble, llega predispuesto a la felicidad tras las victorias en Barcelona y Manchester. Eso que ganamos. Todo lo cual no es óbice para que si en el minuto 40 el equipo aún no supera al Galatasaray por 3 goles de diferencia, el muy justo, señorial, educado, sabio, elegante y lanar público del estadio madridista rinda tributo a su ignominiosa incultura con una sonora pitada a la legión portuguesa de Mourinho.

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