Rayo fulminante

15 Abr

Todo comenzó con un recorte hacia adentro de Marcelo. Era el minuto 1 de partido y el lateral izquierdo del Madrid bajó al verde de San Mamés un balón que venía desde Copacabana y lo enguantó de tal suerte que dos defensores vascos quedáronse mirando confusos, como dos paisanos contemplando la ciudad por primera vez. Es lo que diferencia al fútbol del resto de deportes marcadamente británicos. Mientras el golf, el rugby o el cricket son juegos extraordinariamente reglados y señoriales, donde hasta las hostias se dan de usted y pidiendo caballerosamente disculpas luego, el fútbol ofrece ciertas libertades a la ortodoxia. San Mamés siempre fue un estadio brit en el norte de España, un campo que me pareció más de rugby que de balompié, y no sólo por su arquitectura victoriana sino también por lo industrial que siempre fue el juego del equipo local. En ese contexto típicamente fordista, un brasileño gambeteando con sutileza es pura anacronía contracultural. Marcelo combinó con Cristiano, quien forzó una falta perpendicular a la portería del Athletic. Un minuto después ya estaban los dos celebrando el primer gol de la noche. El disparo fue soberbio, inapelable, metáfora de lo que sería el Madrid durante todo el partido. El tomahawk que salió de la bota derecha de Ronaldo fue como un rayo fulminante caído del cielo. A partir de ahí el Athletic se aplicó con el proverbial brío bilbaíno en la tarea de lesionar a los jugadores madridistas. Fue toda una suerte que todos salieran ilesos de la zapa constante en la que los rojiblancos convirtieron el encuentro. De especial alborozo para la afición del Real fue que su jugador franquicia sobreviviera a más patadas de las que Messi ha recibido a lo largo de esta temporada, y que incluso marcase un segundo gol de homérico cabezazo al saque de una falta: Cristiano Ronaldo, sabiéndose héroe de epopeya clásica, está dispuesto a perdurar en la memoria del pueblo elegido aun a costa de su integridad física. Conocedor, además, del exquisito gusto local por las delicatessen balompédicas, Ronaldo se despidió de San Mamés asistiendo de tacón a Higuaín pulsando con gracilidad los botones L2+X. La hinchada del Athletic atronó eufórica cuando Mourinho decidió que ya había expuesto demasiado al fuego de mortero carlista al gigante de Madeira: desde que Di Stéfano embocó el túnel de vestuarios de San Mamés por última vez, no habían sentido tanto alivio al ver marcharse a un futbolista contrario.

2 comentarios to “Rayo fulminante”

  1. Juanlu Mármol 15 de abril de 2013 a 10:14 #

    Allá por el año 1600 y pico, mi hermandad estaba celebrando la función principal, con fray Diego de Cádiz predicando y, por tanto, la iglesia mayor de Morón llena a reventar. Era un día lluvioso y tormentoso. De repente, un rayo entró por un ventanal, rebotó en las paredes, hizo que se desprendiesen algunas piedras y se fue… Ni una víctima ni daños físicos que lamentar. Desde entonces, la función principal se llama “Función del Rayo”. Si San Mamés fue realmente una catedral, el nuevo estadio debería honrar todos los 14 de abril a este rayo fulminante.

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