Al principio fue el nombre

7 Jun

Soy consciente de la confusión que provoca el título de este blog. Defensa Siciliana, variante del Dragón. Debo aclarar que no, que no me gusta el ajedrez. Por desgracia para mí, añado. Quiero decir, me gustaría aprender, y de hecho una vez me enseñaron, hace mucho, mucho tiempo. Acerté a dominar los movimientos básicos de cada pieza, y poco más. Reconozco que en el razonamiento deductivo soy tan ágil como una gacela coja y sorda bebiendo en una charca a un palmo de las fauces de la leona, y estoy, como dirían los franceses, handicapé para este tipo de artes silogísticas. Vengo comprobando desde hace tiempo que el nombre de este sitio perturba ligeramente la Fuerza. Sobre todo cada vez que entro a mirar las visitas -por supuesto, ser blogger consiste en eso, y cada pinchazo aquí es serotonina para la vanidad del yonki escritor. Quien no lo reconozca, miente- y veo alguna búsqueda relacionada con términos ajedrecísticos. Leí por primera vez Defensa Siciliana en una entrada de Madridistas Ateos, y desde entonces no me lo pude quitar de la cabeza. Como cada vez que me da por alguna rareza, corrí a indagar como un poseso cuanto un profano pudiera acaparar en pocos segundos acerca de su definición. Encontré esto: “es una jugada que goza de un gran prestigio entre los jugadores de cualquier nivel debido a su carácter agresivo, a la flexibilidad de las posiciones que otorga”. Mi mente, siempre rauda en cuanto a la libre asociación de ideas, lo relacionó inmediatamente con el fútbol total, a la adaptación a las condiciones versátiles del juego, etc. Me gustó. Aun más me gustaría poder ejecutarla alguna vez, delante de algún tablero. Pero lo que más me fascinó del nombre fue, sonoridad aparte -ya saben  que la estética siempre termina predominando- fue la promesa que esconde detrás de su exotismo. Defensa. Siciliana. Variante. Del dragón. No puedo dejar de pensar en lo asiático de la palabra: debajo de dragón siempre estará colgando un continente lleno de soldados de terracota y hojas de opio ululando al viento en valles afganos. El vocablo sugiere un concepto pugilístico, defensa-ataque sin cuartel, sin medias tintas ni trucos. Flexibilidad posicional es, creo, la clave del éxito en cualquier estrategia que uno elabora para alcanzar un fin, sea cual sea el campo de la actividad humana donde se mueva. La rigidez sólo puede terminar conduciendo al fracaso y a la autocomplacencia: nada más patético que justificar una derrota aduciendo aquello de fuimos fieles a nosotros mismos. Nunca se inventó una frase tan lírica para disfrazar una incapacidad manifiesta de adaptarse a la realidad y eximirse uno mismo de toda responsabilidad. La Defensa Siciliana, de la que ajedrecísticamente no tengo ni puta idea, libera en un rincón de mi cerebro a una miríada de soldados mercenarios a cuya cabeza Dionisio de Siracusa se lanza, una y otra vez, a conquistar la fortaleza de Sicilia.

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