Fútbol y guerra: la epopeya de los vascos (V)

27 Dic

Al llegar a México, como hemos visto, el propio delegado del gobierno de Aguirre en ese país -Francisco Belausteguigoitia- impugnó el último acuerdo hecho con Tomás Arana. A pesar de contar con el aval de las autoridades mexicanas, el asunto aún coleaba: al parecer, Arana tenía ciertas sinergias comerciales con elementos facciosos españoles en la república mexicana, y esto causaba malestar en los círculos cercanos al lehendakari. Algunos nacionalistas vascos dudaban de que la recaudación de los partidos de Euzkadi fuesen a parar verdaderamente a la causa republicana española. Además de esta cuestión empresarial, existían algunas diferencias de orden institucional o político que comenzaron a dinamitar el entendimiento entre la expedición y el Gobierno a quienes pertenecían por naturaleza: tanto el entrenador, Vallana, como el coordinador, Alegría, mantuvieron algunos altercados con el delegado de Aguirre en México, el citado Belausteguigoitia, a cuenta de la equipación. Según éste último contó al lehendakari en una carta, el equipo Euzkadi pretendía jugar en México con la camiseta rojiblanca del Athletic de Bilbao y no con la zamarra verde con la que habían asombrado a Europa meses antes. Aguirre, impedido por la distancia y el cada vez más trágico desarrollo de la guerra, poco podía hacer para llamar al orden al entrenador y al máximo responsable del equipo Euzkadi, así que la cuestión, al parecer, se contuvo dentro de los límites de la cordialidad -no exenta de graves acusaciones personales por parte de Belauste hacia el entrenador y el directivo que, por suerte para todos, quedaron en la privacidad epistolar-. De este modo, en octubre de 1937 el equipo Euzkadi debutó en el DF ante una selección de Jalisco, primero, y más tarde frente al propio combinado nacional mexicano. Ambos partidos los resolvieron con victoria: 1-5 a Jalisco y 1-2 a México frente a 30.000 personas, en la mejor entrada de toda la gira azteca. Tras estos primeros choques, Euzkadi volvió a jugar contra México tres veces seguidas más, todas ellas en el DF. El 28 de noviembre derrotaría otra vez a las águilas por 1-4; el 5 de diciembre se impondría de nuevo por 1-2, y cinco días más tarde cerraría esta tetralogía con un rotundo 0-4. Ese mismo mes aún daría lugar a otros tres enfrentamientos en la capital mexicana, esta vez ante tres de los equipos punteros del fútbol tricolor: el Asturias, el Atlante y el América. La del Club de Fútbol Asturias es otra de esas maravillas escondidas en la Historia: en 1918, un grupo de asturianos emigrados en México fundaron el Centro Asturiano y con él su equipo de fútbol, el CF Asturias. Su intención principal fue la de aglutinar no sólo a los asturianos residentes en el DF sino a todos los españoles que quisieran reunirse para matar la saudade de España. Este equipo, al principio amateur, llegó a conquistar un récord que quedará para siempre en los anales de la historia del fútbol mexicano: fue el primer campeón del balompié profesional en México, en 1944. Vestidos de azul y blanco en rayas verticales, con pantalón azul y medias de ambos colores, ganaron 8 títulos de Copa y dominaron el fútbol centroamericano durante los años 30 y 40, protagonizando terribles derbys contra otros rivales de la capital.

Frente a los asturianos, los vascos se emplearon a fondo, consiguiendo una nueva victoria por 2 goles a 3. Tras este derby español en México, llegaron sin solución de continuidad otros dos enfrentamientos: un 0 a 3 al Club Atlante y un empate a 2 frente al Club América, el equipo más popular de México en la actualidad. El 9 de enero de 1938 disputarían el último de esta magnífica serie de partidos en México otra vez contra la selección nacional, dándose el resultado de 3-1 a favor de los locales. Tras 9 partidos en apenas 2 meses, Euzkadi probó el sabor de la derrota en el quinto enfrentamiento con la selección de México: es probable que nadie haya horadado el orgullo patrio de un equipo nacional de una forma tan consecutiva como los vascos de Pedro Vallana. Aguirre, desde Cataluña, les pedía “ejemplaridad, más que ganar partidos” y ellos se aplicaban a ambas metas puesto que, al otro lado del Atlántico, era lo único que podían hacer por sí mismos y por su tierra. En España, la República continuaba perdiendo terreno frente a Franco y el equipo Euzkadi era, cada día más, un grupo de desterrados arrastrando tras de sí la antigua fama de estrellas del football español y, cada día menos, un Euzkadi Korps hecho de gudaris sin pistola. Apenas una semana más tarde abandonaban México rumbo al Caribe: Cuba. En la isla residía una nutrida colonia comercial vasca desde antiguo. Sin embargo, la mayor parte de sus componentes estaban muy lejos de simpatizar con el nacionalismo ni con el PNV. De manera que la función propagandística del equipo Euzkadi quedó prácticamente anulada en su visita a La Habana, donde estuvieron hasta finales de febrero y jugaron 4 partidos. Si aún hoy el fútbol es un deporte marginal en las Antillas, en 1938 era casi exclusivo de los emigrantes europeos. No hay más que ver ante quiénes jugaron los vascos: el 16 de enero, frente a la Juventud Asturiana de La Habana, un club de origen semejante al del Club de Fútbol Asturias de México, contra quienes empataron 4-4; el 23 de enero, con el Deportivo Gallego, equipo dependiente del Centro Gallego de La Habana, fundado en el Casino Español durante la época colonial; el FC La Habana, ante quien venció 0-2 el 28 de enero, y frente a la Juventud Asturiana, otra vez, el 30 de enero, ganando por 2 goles a 3. La gira cubana fue un fracaso en lo político, ya que el delegado del Gobierno vasco en La Habana, José Luis Garay, no pudo conseguir aumentar el impacto mediático del equipo Euzkadi entre los círculos gubernamentales e institucionales de la isla debido a carácter conservador y pro-franquista de la colonia española en la Cuba de 1938. Sin embargo, deportivamente, el cuadro de Vallana mantenía unos registros espectaculares: de 13 partidos disputados en el continente americano, habían ganado 10, empatado 2 y perdido 1.

El 25 de febrero, el equipo Euzkadi se embarcó rumbo a Argentina, donde ya se habían apalabrado cinco partidos ante los titanes del fútbol albiceleste: River, Boca, Racing, Independiente y San Lorenzo ya esperaban a la selección vasca que llevaba casi un año deslumbrando en todo el mundo. El Gobierno vasco tenía depositadas muchas esperanzas en esta gira argentina, dada la popularidad del fútbol en ese país y la enorme presencia de emigrantes españoles, muchos de ellos exiliados de la España nacional. No obstante, en frebrero del 38 gran parte del teatro geopolítico internacional daba por segura la derrota de la República a manos de los generales golpistas, y cada vez menos puertas se le abrían al equipo del lehendakari. La creación, en la España nacional, de una Federación Española de Fútbol con sede en San Sebastián que pretendía arrogarse con la legitimidad de la FEF sita en la Barcelona republicana planteó un gravísimo inconveniente a las aspiraciones del equipo Euzkadi. El presidente de la FIFA convocó a ambas federaciones en Suiza, y dada cierta inclinación filo-fascista de fifos destacados en aquel momento, no se prohibió la existencia misma del equipo Euzkadi pero sí la disputa de los 5 partidos previstos en Argentina. Durante 2 meses, los jugadores deambularon por Buenos Aires sin poder hacer nada más que asistir impotentes, desde el otro lado del Atlántico, a la resolución de su destino. Con la farragosidad propia de estas gestiones burocráticas opacas y contaminadas por el cabildeo -hoy lo llamaríamos lobbying- tan intrínseco a estas situaciones y a aquella España en guerra que se desangraba en todos los frentes, la cuestión de los jugadores vascos se eternizó hasta el punto en que, en abril, decidieron regresar a Cuba. Así, al menos, podrían seguir jugando, aunque ya, por supuesto, rozando la clandestinidad: habían dejado de ser gudaris de la patria vasca, y al fin sólo eran un grupo de hombres expulsados de su país que habían elegido el bando perdedor en una guerra fratricida. Fue aquí cuando, en el momento de embarcar rumbo al Caribe, se produjeron las deserciones definitivas que terminaron, virtualmente, con la epopeya del equipo Euzkadi: Vallana, el entrenador, decidió quedarse en Argentina, y con él Chirri II y Ángel Zubieta, quien fichó por San Lorenzo de Almagro y se convirtió en un mito del equipo del que, décadas después, un papa sería barra brava. A pesar de que el equipo Euzkadi continuó jugando algunos partidos más desde mayo a octubre de 1938 en Cuba y México, la aventura estaba tocada de muerte. Graves disensiones internas finiquitaron un proyecto asombroso que constituye, todavía, un capítulo increíble de la Historia del fútbol español, y el capitán Regueiro se marchó temporalmente a Francia para jugar con el Racing de París. Al fin y al cabo, eran españoles: se acusaban entre sí de deslealtad, de traición, de poco patriotismo y de falta de compromiso, pero parece que lo que terminó con el equipo Euzkadi no fue la política sino algo tan humano como el cansancio y la desconfianza. En general, la reputación personal de los jugadores que habían participado en el equipo Euzkadi se había visto agigantada gracias a sus incontestables victorias, a la nobleza de su juego y al utópico carácter de lucha política del equipo. A finales de ese año y durante 1939, lo que quedaba del equipo Euzkadi se transformó en el Club Deportivo Euzkadi, federándose y quedando segundo en la Liga Mayor de aquel año tras, curiosamente, el Asturias. Pero esa es otra historia, tan fabulosa y exótica como la que aquí termina.

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  1. Fútbol antiguo: el Asturias (II) | defensasiciliana - 17 de diciembre de 2015

    […] ese contexto, llegó la famosa Selección Vasca de fútbol a México. Jugó contra el Asturias un par de amistosos. Muchos de los integrantes de este equipo […]

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