Los equipos que nacieron de dos madres (III)

24 Nov

El AEK emerge en toda esta historia como el corolario de todo lo anterior. En 1924, cientos de miles de refugiados griegos-otomanos invaden Atenas y Salónica. Las principales ciudades del Estado griego, de por sí con graves deficiencias urbanas, acogen de repente a multitudes que vienen sin nada. Los hermanos *del otro lado* lo han dejado todo en Turquía: sus hogares, sus haciendas, su memoria. Sólo tienen el idioma, común con sus anfitriones del continente, y el acervo cultural. Pronto descubrirán que la ola macro-nacionalista que propulsó la ensoñación griega en Anatolia, en 1919, refluye hacia… atrás con la resaca tenebrosa de todas las manifestaciones psicológicas masivas: la resaca ha traído desengaño, indignación para con las autoridades que embarcaron al país en lo que a la postre resultó ser una tragedia nacional, miseria, inflación y, por último, superpoblación. Grecia contaba con aproximadamente 4,5 millones de habitantes en 1923; alrededor de millón y medio de personas llegaron a estas dos capitales en el plazo de dos y tres años. El impacto sociodemográfico es difícil de cualificar.

Las hordas de exiliados griegos procedentes de Anatolia se fueron integrando en sus nuevos hogares a la buena de Dios, como ocurre casi todo en el Mediterráneo. Surgió el proceso natural de acomodación de las cosas y a Atenas le fueron saliendo apéndices suburbanos a medida que era preciso cobijar a los nuevos atenienses constantinopolitanos: Nea Filadelfeia, Nea Smirni, Nea Ionia o Nea Chalkidona, todos lugares cuya toponimia remitía expresamente a los distritos de Estambul y a las poblaciones del Asia Menor de donde procedían sus nuevos moradores. Con las personas llegó, claro, el fútbol: la élite del incipiente deporte turco se marchó también a Grecia acompañando a los refugiados. La diáspora fue completa.

Llegamos a abril de 1924. Dos de estos refugiados constantinopolitanos en Atenas, Emilios y Menelaos Ionas, abrieron una pequeña tienda de artículos deportivos en el centro de la ciudad. En torno al comercio se fueron reuniendo cada noche muchos otros desheredados, víctimas de la Gran Catástrofe: antiguos futbolistas, viejos gimnastas, hombres de negocios que lo habían perdido todo y, en general, exiliados que se aliviaban la morriña imaginando proyectos de reconstrucción comunitaria con los que tejer lazos sólidos entre los refugiados en la ciudad. Muchos de ellos habían formado parte del viejo Hermes y también del nuevo, el Pera Club; otros procedían de los círculos deportivos de Esmirna. Nació así el AEK, literalmente, Athletic Union of Constantinople. Proliferaron, como setas, muchos AEK en las áreas metropolitanas de Atenas y Salónica: cada uno fue apellidándose según el lugar de origen.

En aquellas noches de la primavera del 24, en la calle Veranzerou, aquel grupo de pioneros perfiló también los colores de la nueva sociedad, así como su carácter y su naturaleza: los hermanos Ionas, Kostas Dimopoulos, Miltos Ieremiades, Timoleon Tagaras, Menelaus, Karotseris, Paul Kechagias y Spanoudis Constantine eligieron el águila bicéfala de los Paleólogos, emblema del último emperador bizantino de Constantinopla. La moldura nacional del AEK queda patente desde esa misma fecha. En sus estatutos se recoge, literalmente, que el espíritu decidido de la entidad es el de

…recoger y recopilar a los atletas de Constantinopla presentes en Atenas y El Pireo, para continuar la labor de los clubes polideportivos de Constantinopla, de los que estos atletas eran miembros activos, así como la difusión de la gimnasia y el espíritu deportivo en los jóvenes, especialmente en los jóvenes de Constantinopla, con el fin de dar forma a los cuerpos robustos, de valientes y nobles personajes, en condiciones de cumplir con cada uno de sus responsabilidad para con la Patria, los individuos, la sociedad y la familia, reforzando así, en un espíritu de noble rivalidad y la solidaridad nacional indisoluble, el progreso de la Nación…

punto reforzado por otro expreso deseo de

…difundir el atletismo entre los jóvenes y la promoción de la mayor cantidad atletas como sea posible, en condiciones de representar los deportes de Constantinopla en los estadios griegos y  en los internacionales por igual.

Los colores del AEK, desde el principio, hicieron referencia a la naturaleza nostálgica de sus fundadores: el negro por la mañana oscura que comenzaba para todos aquellos griegos estambulitas expulsados de sus hogares, y el amarillo asociado tradicionalmente a los Paleólogos. El escudo, de igual manera, contemplaba el águila bicéfala de la última dinastía griega que gobernó Constantinopla, y en un primer momento sobresalía una representación figurativa de la ciudad antigua con sus murallas. Dos años después, en Salónica, muchos otros de los refugiados en la segunda ciudad más importante de la Grecia moderna fundaron el Pan-Thessalonian Athletic Club of Constantinopolitans: PAOK. Su creación estuvo hermanada en forma y origen con la del AEK. Los colores elegidos para la nueva sociedad, el negro y el blanco, aludían a la misma melancolía: el negro por la pena honda del terruño perdido, y el blanco, en este caso, por la esperanza de un futuro mejor para todos aquellos antiguos deportistas, miembros casi todos del Pera Club (el segundo Hermes del Gálata) del que el PAOK se consideró, desde un primer momento, el heredero natural.

Ambos clubes, desde su estación embrionaria, fueron llamados en Grecia Los Águilas Bicéfalas: uno el del norte, el PAOK, y otro el del sur, el AEK. El PAOK se enemistó al instante con sus vecinos del Aris; mientras, en Atenas, el AEK absorbió muy pronto la inquietud cultural y deportiva de las grandes bolsas de refugiados greco-turcos del Ática, ensombreciendo a otras sociedades deportivas fundadas por las comunidades de exiliados anatolios en los suburbios atenienses como el Panonios Gymmnastic Association of Smyrna o el Apollon Smyrna; estas sociedades, coetáneas del AEK y del PAOK, se establecieron en los barrios del extrarradio ateniense antes citados, y mantuvieron su cuota de popularidad entre los círculos de refugiados procedentes de Esmirna. No obstante, la proximidad de algunos miembros de la primera junta directiva del AEK con las altas instancias del gobierno griego de la época ayudaron a que el AEK despegara sobre todos los demás clubes hermanos en aquellos últimos años de la década de los 20.

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