Por amor

30 Nov

Crecimos odiando porque el mundo es un sitio oscuro donde a veces pasan cosas feas. Somos hijos del odio. Llevamos esa marca. Negarlo es estúpido porque todavía nos quedan querencias, como al caballo que se lleva media vida entrando en la misma cuadra todos los días y de repente, una tarde, le cambian el paso. Y el pienso. Pero como Saulo escribió a los corintios, “aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada”. Florentino fichó a un artesano del amor paciente, y Ancelotti ha construido, en año y medio, una fortaleza… escondida en mitad de tanto reflujo bilioso que ha estallado de golpe y hay quien aún no asimila tanta felicidad. Esperaba ansiosa la plebe un tropiezo del emperador pero en Málaga no hacía el frío suficiente como para congelar a este Madrid homeostático que se autorregula y cura a sí mismo: cuando le amputan a Modric le sale un 5 a Isco en la espalda con la misma velocidad con la que a Picolo le salía una pierna nueva cada vez que le cortaban una. Saltó de negro draconiano el Real a la pradera de Málaga, verdísima y blanda, perfecta para rasear la pelota y hacer frufrú con ella, como le gusta a los centrocampistas de Ancelotti: dos mediapuntas y un interior transformados en piezas de relojería cuya eficacia y mecanicidad en la entrega ocultan casi todos los ángulos muertos de no jugar con ningún especialista puro en la media. Pero para pureza, pensará Carletto, ya están José De la Tomasa y los gitanos buenos de Jerez.

El Málaga es un equipo energético que está en plena reconversión industrial, tras el Pellegrinatio. Lo está haciendo muy bien. Son energéticos, valientes, tienen a Spiderman en la portería y un virguero en el costado izquierdo, Castillejo, que todo lo que toca lo intenta regatear. También tienen a Duda, que ya sale mencionado en el Pentateuco y que todavía conserva un tipazo: hay toda una subespecie de portugueses que rozan la cuarentena y se conservan delgados, fibrosos; las canas y el pelo recortado a lo militar les dan un aire muy pintón, de maduros interesantes. Figo, Vitor Baía, el propio Mourinho, Duda, todos son carne de casting para los anuncios de Just For Men. Duda todavía juega y muerde mucho. Casi le clava un tiro libre a Casillas desde el quinto pino. Eso fue después de que Ronaldo volviese a desconcertar a sus rivales mostrándose una vez más dadivoso y desinteresado, cualidades poco conocidas de este monstruo implacable que ha decidido echar mano del resto de la tropa porque más aldeas queman cuatro manos que dos. Dardier perdió un balón en el vestíbulo del área malaguista y los de negro salieron propulsados como torpedos nucleares: James para Isco, apertura a la izquierda, Cristiano hinca el cuchillo ganando línea de fondo y el pase atrás que determina la brutalidad majestuosa de este Real. Benzema definió al primer toque con sigilo de ninja.

Luego el Málaga inquietó alguna vez pero por lo general la guarida de Casillas estuvo bien protegida por Ramos y, sobre todo, Pepe. Decían los comentaristas que Pepe juega con la misma intensidad que antes pero más sereno, y creo que es verdad. Lleva año y medio libre de toda sospecha, equivocándose muy poco. Su tándem con Ramos ha alcanzado, en apariencia, un estado zen de equilibrio difícil de imaginar un tiempo ha. Marcelo y Carvajal siguieron jugando a lo suyo, que es salir desde atrás tallando figuritas de madera: cuando sale mal, el estrépito de la vajilla rota se escucha hasta en la Luna, pero cuando sale bien, como ahora, la sensación de pavor que provocan en los rivales estos dos laterales pequeños, veloces y amantes de la cabriola, es incuestionable. En el fútbol moderno, la diferencia entre un equipo campeón y otro que no lo es, aparte del detalle competitivo, son los laterales, y sólo el Madrid, el Barcelona o el Bayern pueden permitirse hoy tener a tipos como Marcelo y Carvajal corriendo por la banda. James volvió a correr mucho y muy bien: tiene la virtud de tocar con sentido todo lo que le llega, embalando cada balón con una dulzura muy caribeña, no exenta de belleza violenta cuando hay que ganar un sprint o zumbar duro al arco con ese puño americano envuelto en seda colombiana que tiene en la pierna izquierda. Isco, de 5, también corrió mucho. Quizá esa sea la única pega de su juego como mediocentro: corrige sus naturales carencias posicionales con generosidad en el esfuerzo que desmite ese halo de displicencia que alguien se empeñó en colgarle cuando vino, como si todos los mediapuntas españoles de corte barroco estuviesen marcados desde la cuna por el Estigma Guti. Nadie sabe cuándo se resentirá Alarcón de tanto kilometraje acumulado pero la única certeza es que Kroos agradece su disposición siempre agresiva puesto que eso le permite controlar lo que pasa en el terreno al alcance de su germánico radar sin necesidad de arriesgarse más de la cuenta. Alarcón acabó expulsado y saliendo a hombros de La Rosaleda, con 0-2 y el récord resuelto. Bale, todavía en una búsqueda incansable del rastro de sí mismo, destrozó la portería de Kameni a la tercera; antes Ronaldo había tenido otros dos tiros a quemarropa que el portero africano había convertido en atajadas de museo. Santa Cruz metió el 1-2 en el descuento, penalizando con justicia el mal partido de Casillas, quien ya se tira al suelo con pesadez, como si le molestase.

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