Bizantinismos

11 Ene

Se dice que mientras los turcos otomanos ponían sitio a Costantinopla, los teólogos del imperio bizantino, aislados del mundo exterior y ajenos al peligro que se cernía sobre su civilización, discutían acerca de cuestiones tan trascendentales para su futuro como el sexo de los ángeles. Se acuñó entonces el término bizantinismo para aludir a debates estériles, de todo punto inútiles y carentes de pragmatismo, o directamente, estúpidos y hueros. El madridismo es una afición insoportable tanto en la derrota como en el éxtasis, sobre todo en lo último. De manera que, como es natural e intrínseco en él, anda ahora enfrascado en el enésimo retruécano gilipollesco: la supuesta futilidad de Gareth Bale y la pretendida rivalidad entre el galés y Cristiano Ronaldo. La cosa, que no pasaría de simple pasatiempo para niños si anduviésemos entre gente seria, se torna grave cuando parte del estadio Santiago Bernabéu anuncia al mundo su nulo criterio pitando a Bale tras una jugada irrelevante en la que no dio la pelota a su compañero. Marchaba ya ganando el Madrid 2-0 al Español, todo estaba resuelto a pesar de que quedara media hora, y el liderato lucía bien amarrado a la espera de la lucha caníbal de esta noche entre segundo y tercer clasificado; esto no fue óbice para que algunos madridistas mostrasen su disconformidad con la verdad, más o menos aceptada de manera general, de que el ser humano es el único mamífero capaz de hilvanar pensamientos lógicos y razonamientos complejos. Sin duda, esta trifulca es de naturaleza pasajera, aunque si existe algún lugar en el mundo en donde las tonterías adquieren estatus de tragedia clásica, es el Real Madrid. Hay periódicos deportivos muy interesados en alimentar esta absurda cuestión puesto que nada moviliza más a su público objetivo que una niñería susceptible de llenar horas de intenso parloteo en la barra del bar: por lo tanto, la cosa tiene recorrido.

No obstante, el Español llegó a Madrid sin mucha convicción. En toda mi vida he visto a este equipo venir con espíritu resuelto al Bernabéu, cosa que me apena puesto que representan a los hombres libres de Barcelona y uno espera de ellos un poco más de espíritu combativo. Qué sé yo, al menos la nobleza de William Wallace que se les supone a unos fulanos cuyo escudo simboliza todo lo que resiste el tsunami propagandístico, todo el magma volcánico del nacionalismo catalán. Es un equipo compacto, a pesar de todo: tienen dos buenos delanteros, Sergio García y Caicedo, y un portero digno, Kiko Casilla. Por el espacio que ayer medió entre los tres, Sergio, el entrenador, ordenó dos filas de cuatro, dos hileras de futbolín, muy prietas. Al Madrid le costó superarlas puesto que Benzema sigue en Dubai descifrando alguna cadera de ninfa y a Bale le siguen rebotando los balones en el tobillo: ha perdido plasticidad y se nota en su zancada, sobre todo, menos poderosa y más previsible. Ronaldo también está catatónico. Se empeña en correr por todo el frente de ataque acumulando balón e inercias de su equipo pero es incapaz de forzar la jugada, que es lo que siempre le hizo temible entre las defensas contrarias. Esa irrupción ronaldesca en el área, ese quiebro que casi siempre acaba en derrumbe de torres y porterías ardiendo, ese clic que hacía y ya no hace, era lo que transformaba la transición ofensiva del Madrid en irresistible. Como para desmentirme, sobre el minuto quince bajó una pelota diagonal que llegó desde muy lejos y que hendió la plastilina del Español; ni controló, sólo orientó de primeras un pase en la dirección contraria a la jugada. James se encontró con el delta del Orinoco delante suya y aseguró con el interior de su zurda un disparo eficacísimo. 1-0 y la ansiedad calmada.

El gol no alteró el transcurso del partido, que siguió siendo espeso. Isco se movió mucho y por todas partes, casi siempre por la derecha. Kroos caminó todo el rato y eso le hizo jugar mejor, sin la presión corrosiva de un Raúl García o de un André Gomes que le obligara a echar el bofe que no tiene; James le dio oxigeno a un equipo cuyos tres percutores estaba tiesos, y en donde Coentrao subía a ráfagas, como en él es habitual; pero nota mucho el Madrid la ausencia de Carvajal y, aun más, la de Marcelo, cuando debe romper por fuera. Arbeloa, ya lo dejó anotado Mesetas, juega mejor de lateral izquierdo que de lateral derecho. La paradoja es que el carril zurdo le ofrece una salida a su pierna natural, mientras que en el otro lado está limitado a una acción para la que ya no tiene recursos, que es descoser a su marca por la línea de cal y forzar la asociación con Isco o Bale. Fue el galés, no obstante, el que acabó con el partido. Lo hizo de un potente zurdazo, colocadísimo el chut a la escuadra izquierda de Casilla; Bale es un lanzador de faltas extraordinario, y el gol pareció conferirle autoestima. Es un jugador tan expansivo, tan abrasivo también, se asemeja en eso tanto a Ronaldo, que su propia nobleza natural le obliga a ir siempre adelante y no esconderse jamás en la trinchera: eso le compromete también a cometer errores, sobre todo en este momento en el que, como digo, parece más basto de lo que es. El Bernabéu, o una parte de él puesto que hay que destacar el notable esfuerzo de la nueva grada de animación en soslayar los pitos sobre los jugadores propios, se ejercitó una vez más en el balido. Pensé entonces que el madridismo se parece un poco a España; recordé aquella vez, en El oro del rey, en que Alatriste desembarca en Cádiz desde Flandes y un conmilitón masculló aquello de España, la vieja perra ingrata a la vista de sus costas. Esto es un poco lo mismo. Al Español, a este dócil Español que se desmiente a sí mismo cada vez que pisa Chamartín, lo remató Nacho, que había salido tras la expulsión de Coentrao. Tengo que decir que Coentrao vio una roja rigurosa, pero que también pudo haber recogido la planta del pie al hacer el tackle. Nacho, digo, definió con estilo de capocannonniere: control con el muslo derecho y zurdazo colocado ante la media salida de Casilla. ¡Y hay a quien no le gusta!

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