Impronta

30 Ago

Real Madrid 5 – Real Betis 0

Se aprecia una estructura, el esqueleto del cormorán dejado como por una inteligencia superior en el bulevar de Luka Modric. Ya se vio en Gijón, donde no hubo fuego real contra el Madrid porque las líneas, detrás del frente de ataque, estaban trazadas con regla: los cuatro defensas muy juntos y muy ordenados en la basculación, y los tres del medio, que casi siempre son cuatro, cubriendo los pasillos interiores. Hay que rascar mucho para verle las grietas al equipo, o eso se intuye después de dos partidos. El axioma de Benítez, funcionario de carrera, parece que es la negación del otro. Ni Betis ni Sporting le atacaron mucho en superioridad a este Madrid, aunque es verdad que estos dos equipos no forman parte del Club Bildeberg del balompié mundial. Era la presentación en sociedad de su Madrid. La puesta de largo, como hacen los pijos. Benítez ajustó el mecano con mayor rigidez y pidió un sprint en los primeros minutos, para cumplir con la liturgia de cada año: los jugadores de blanco se acercan al centro del ruedo, brindan el toro al Bernabéu y la gente aplaude fácil porque han ido al estadio para que les hagan aplaudir. A los dos minutos, naturalmente, el Madrid ya ganaba 1-0.

El Betis, noqueado, quizá esperaba la estructura elástica que se encontró Pepe Mel hace ahora dos años, en el debut de Ancelotti. También fue a finales de verano, y aquel día el Madrid ganó 2-1 concediendo mucho más. Este Madrid, desde Modric hasta el espigón donde declama Benzema frente al mar, juega como el de Ancelotti. Quiero decir que, Benítez, hombre de ciencia con nociones de pensamiento lateral, ha reflexionado y llegado a una conclusión: estos tíos tienen la querencia del pase, y de por sí tienden a mirarse entre ellos en lugar de hacia adelante. Permite ese margen de anarquía confiado en el talento natural de su pelotón de fusilamiento pero les obliga a correr: ayudas, presión y repliegue. Modric parece confirmar su evolución, o mejor dicho, el regreso a sus arcanos: dos pasos por delante de donde jugaba el año pasado, se adhiere a la media punta del Madrid cuando el equipo transiciona hacia el burladero del contrario, relegando a Kroos a un papel de mediocentro flotante mucho más claro que la temporada pasada.

El rol cambiante de Kroos ayuda a que Varane y Ramos, arrancada de centauro, ocupen casi siempre la bombilla central del campo, con lo que el Madrid arrincona a sus adversarios no más que por la infiltración ordenada de sus centrocampistas. Esto servirá, a priori, con 16 de los 20 equipos de la Liga, pero quiero verlo contra el PSG, bautismo de fuego de un equipo que parece haberse mimetizado con la fachada burocrática de su entrenador.

El 2-0 lo metió James de un trallazo diagonal. Cuando Ronaldo no tira las faltas, la realidad demuestra que pueden pasar cosas. James centró fuerte, sabiendo que el flequillo de Bale o de cualquiera desviaría oportunamente hacia gol un balón tan bien golpeado. Adán se quedó esperando el remato de cualquier madridista y al pestañear, Florentino tenía cuatro bulldozers en la intersección entre Cúcuta con Medellín.

El 1-0 también floreció en las botas del 10 colombiano: polinizó el desmarque de Bale, que había desgajado el centro de la defensa bética como solían hacer los matadores clásicos, esa raza de delanteros centros que ya se está perdiendo.

Entonces ocurrió algo extraordinario. El Betis trianguló con velocidad y precisión, exuberante, en el agujero de gusano abierto entre Danilo y Kroos. Keylor Navas quedó vencido pues el atacante bético cedió al punto de penalty. Rubén Castro meneó la cadera como suele hacer antes de meter el interior del pie derecho en todo el agujerito por el que los niños meten el bombín para llenar los balones. Entonces Keylor desplazó una masa de aire con el abdomen equivalente a la hipotenusa del cuadrado que separa Oporto de Madrid y sin tocar la pelota, asustó a Castro. El canario no chutó, y le entró como un espasmo. Una milésima después Keylor tenía la bola entre las manos y el Bernabéu le dedicó una de esas ovaciones espontáneas con que este estadio suele regalar las fruslerías.

El Madrid marcó el 3-0 al salir de vestuarios. Benzema, colpo di testa. Continuó la pauta: control posicional del juego y todo el caudal a través de Modric. No fue el mejor día ni del croata ni de Kroos. Se les nota más ligeros, en lo bueno y en lo malo. Entre los dos fallaron cuatro pases y esto seguro que no gustó en los círculos neplatónicos que proablemente frecuente Benítez un par de tardes a la semana al salir de Valdebevas. Con Ancelotti, epicúreo, se producía entonces la explosión selvática del mediocampismo: pases, coordenadas invisibles, trazos que sólo ellos veían. Ahora al error sigue el empeño por rectificar, quizá lo más loable de lo que llevamos de temporada. El 4-0 corrió parejo (siempre he querido decir esto) al 3-0. Con Benzema, incluso al trote, el Madrid transforma su delantera en la aguja hipodérmica de Laswell: las variantes posicionales son infinitas, aunque Bale tiende mucho a romper desde el medio al costado derecho. Ronaldo está desterrado. No muerde hueso, no huele la sangre, está demasiado lejos de donde se rompe la vajilla, y al final casi nunca hay plato para él. No obstante, no pareció tan frustrado como otras veces: será una victoria de Benítez si consigue ahormar el ímpetu ególatra de Ronaldo al empuje colectivo.

Al Betis se le concedió entonces un penalty. Rubén Castró chutú duro y abajo, canónico. Navas paró en primera instancia, y luego ni siquiera dejó que existiese una segunda. Todo de negro, con esas mallas que parecen culotte de ciclista, es más que nunca un presagio maya, un jeroglífico de Tikal. Se ganó a la tribuna y ahora a ver quién ficha a De Gea. Sin embargo, el ánimo del Bernabéu es el de una quinceañera voluble. ¿Acaso no rompió sus votos Natasha Rostova por el embeleso del pisaverde aquel, Kuraguin?

Irrigó el Real la pradera verdiblanca con una manta de agua y cloroformo: Casemiro es el relevo del 5 y Kovacic, del 10 in pectore, Modric. El 10 de facto, James, corrió su mojo hacia la banda derecha, y Bale-Ronaldo confirmaron el plan B. Esa es la dupla, el tándem de martillos pilones por si cuando llegue mayo hay que remontar. El 5-0 salió disparado de la bota de Bale, que cuajó un notable partido tras muchas jornadas de ausencia.

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