11-01-16

11 Ene

Se ha muerto David Bowie. No voy a decir que era de mis favoritos, estaría faltando a la verdad. Pero sí que varios de sus temas, forman parte de mi Music Hall particular. En concreto, Heroes. Fue la canción de un tiempo feliz, mayo, junio y todo el verano de 2014. Un buen tiempo. Con Paco de Lucía me pasó algo que a lo mejor me ocurre también con Bowie: fue morirse, y empezar a escucharlo, a adentrarme en su música. Es una extraña fatalidad esta, la mía. Ha sido un fin de semana vaporoso. Son fugaces esos días, en los que solamente quiero leer y dormir, y apenas leo, duermo mal, y sólo bebo. Pero también hay que hacer sociedad, aunque sea ésta en la que vivo una sociedad cerrada, minúscula, de pequeños hombres y pequeñas miserias. Escucho a Pedro Sánchez hablar en la tele. Dice que hay que negociar, dialogar. Casquería. Escuché también a mis amigos, este fin de semana, y a más gente: gente normal, la que va a los bares, la que tributa, vota, o no. La que compone el corpus social, en su redondez absoluta. Hay tanta diferencia entre Pedro Sánchez y la realidad, como entre la de los individuos de infantería, lo que los clásicos llamaban vulgo -los clásicos siempre acertaban- y lo que dicen sus representantes políticos. Quizá sea premeditado. Y entre todos ellos, y yo, anacoreta social. Terminaré solo, en una montaña, hablando con el aire. Llueve mucho hoy, y me gusta. Hace un día para sumirse profundamente en La nana del caballo grande.

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