Una hora menos en Canarias

14 Mar

Unión Deportiva Las Palmas 1-2 Real Madrid

El balón corría lento, como si la insularidad canaria hechizara el ritmo del partido y de los jugadores. El césped parecía pasto crecido, la orilla de un gran río. El Madrid se mecía, por primera vez en tiempos con dos extremos puros: Bale por izquierda, Lucas Vázquez por derecha. Isco junto a Modric, arrepentimiento de Zidane por ubicar a Casemiro en el corazón de las tinieblas. Casemiro fue un peaje en la autopista: los balones parecían rebotarle, repeler sus tobillos. Casemiro recupera lo que pierde, y eso hay que concedérselo: el que minimiza las tragedias cotidianas de los centrales es Keylor, empeñado en mantener la autoridad regia cuando todo a su alrededor es un volcán que muge. Marcó Ramos a la salida de un córner, y el Madrid no fue nada más que eso. Las Palmas controló como quiso y en la segunda parte, metió mano al Madrid como el Bayern de Guardiola en aquel cuarto de hora del pánico en el Bernabéu. El empate fue una sucesión natural de los acontecimientos: uno de amarillo paseando tranquilamente en torno al malecón del área, pase filtrado, Ramos que ni va, ni viene, Willian José que con finura corta oreja y rabo. Pero no salió a hombros. Casemiro cabeceó un córner justo después, solo, abajo y botando, y el Madrid ganó un partido disparatado en el que el mejor volvió a ser un extremo con alma de oficinista. Lucas Vázquez, sino de los tiempos.

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