Expectación

21 Abr

Real Madrid 3-0 Villarreal

Dejó escrito Dumas que la clave de todo reside en dos verbos: confiar y esperar. Todo el día de ayer fue una larga jornada de expectación. Pinchará el Barcelona, pinchará el Atlético. Como reza el dicho taurino, tarde de expectación, tarde de decepción. Etcétera. Las victorias, contundentes y brutales (4ª acepción de brutal: muy grande) del primero y del segundo, dejaron el asunto del Bernabéu en un estado de anti-clímax un tanto peligroso. Respondió bien el Madrid, mostrándose fuerte, seguro, tranquilo y paciente. Hacía mucho que no veía a un tipo de blanco mover, desde la zona central, la bola de un costado a otro, como si fuera el Tetrix. Encajándola entre los laterales, de Marcelo a Danilo buscando el hueco, congelar el tempo del juego y devolverla atrás si no es posible. Lo hizo Toni Kroos, quien ya es de nuevo el autómata infalible que era cuando llegó a Madrid, el Effenberg con tobillo de fantasista. Hasta arranca como los grandes, de una frontal a otra, corriendo erguido, au pas de charge, como esos junkers prusianos que describía Tolstoi en Guerra y Paz. Desarticuló el Madrid al Villarreal afirmándose sobre la mecánica básica a la que lo fía todo Zidane: 433 con Casemiro sujetando a dos interiores que son lo mejor que hay en el fútbol de ahora, Modric y Kroos; laterales largos y centrales achicando los huecos que deja el elefante en su sacudida. Pero el Real, en realidad, sólo cabalga cuando el rival atraviesa el meridiano del campo con más de 5 hombres. Hasta entonces sólo teje, paciente, una manta, confiado en la cualidad desfibriladora de Benzema y en la catártica de Ronaldo, The Revenant. Ayer volvió a crujir por los costados como en sus mejores tiempos, y hacía al menos 3 años que no sonreía al mes de abril como lo está haciendo ahora. Lucas Vázquez, el pequeño Gavroche coruñés, compensó la debilidad posicional de Danilo con su sprint de correcaminos, y finiquitó su magnífica actuación tegumentaria con el mejor gol de la noche. Antes había marcado Benzema, quien se lo dedicó a Valls, y después marcó Luka Modric, quien continúa su trágica lucha contra el destino. Un destino que parece empeñado en negarle un título de Liga al mejor centrocampista que ha pasado por el Real Madrid desde Fernando Redondo.

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