02-08-16

2 Ago

Ya es agosto, que es como un inmenso domingo: un domingo que dura treinta días, treinta y un días, ¿cuántos días tiene agosto? No puedo decirlo ahora mismo, la verdad es que no lo sé. En mi mente agosto siempre es una laguna infinita, de arena, como la del desierto. Una tundra sin vida, la repetición lacerante de un domingo cualquiera. Una cosa atroz, como es posible imaginar. Ya es agosto y yo sigo con este dietario. Nunca pensé durar tanto. Llegado a este punto, veo probable continuar hasta diciembre, incluso alargarlo hasta el año que viene. O no. No sé. Arcadi Espada decía que se abrió un blog porque le pagaban, y siempre recalca que nunca ha escrito una sola línea sin que se la pagasen. Hoy vi a mucha gente presumir de lo mismo, y la verdad es que sentí envidia: no puedo decir lo mismo. Veo en esas declaraciones cierta presunción, vanidad, a pesar de todo. Como diciendo: si tú lo has hecho, es que eres tonto. Quizá sea verdad, quién soy yo para negarlo. Entonces me surgió un debate interno, aunque llamarlo debate quizá fuera decir mucho: ¿tuve elección, todas esas veces en las que escribí o trabajé en algo que no me remuneraron? ¿Pude no hacerlo? Por supuesto que sí. En sentido estricto, nadie me puso una faca en la garganta para obligarme a echar mano. Igual que cuando trabajo sin facturas, o cobrando mi hora de esfuerzo a dos o tres euros. Sí, en efecto, lo hago voluntariamente. ¿Implica eso que tenía una alternativa mejor? La molicie, que da placer, pero no dinero. Probablemente haya tomado decisiones malas a lo largo de mi vida, respecto a mi formación; esas malas decisiones, con toda seguridad, estén lastrando mi desarrollo profesional. Ahora bien, ¿tenía alternativas mejores? Tratando de responderme con honestidad, creo que no. De lo que concluyo que, como en casi todo, las acción operativa de un hombre sobre el medio en el que vive tiene limitaciones. Una de ellas, puede que la más importante, es la predisposición genética. Si soy periodista es, entre otras cosas, porque no nací con habilidades cognitivas suficientes como para ser astrofísico, neurocirujano o ingeniero de telecomunicaciones. La vida, como la política española, es muy transitiva: la responsabilidad individual acaba diluyéndose en un posmo ambiental alimenta sin control (to fuel, como dicen en inglés, y me gusta mucho ese verbo porque es muy gráfico) el depósito de nuestros pretextos exculpatorios.

Me dice Facebook el otro día que yo puse, en 2011, esto en mi muro: “Gane quien gane las elecciones del 20D, los bancos seguirán gobernando España”. A pesar de que mi capacidad de aprendizaje es lenta, torpe y pesada, creo que en cinco años he mejorado mucho.

Este fin de semana he estado en Mérida. Viaje familiar, ruinas romanas, comida en abundancia y teatro. Tenía pensada una reflexión al respecto, pero se me ha hecho tarde, y esto, largo. Así tendré de qué escribir mañana.

 

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