15-09-16

15 Sep

Los días son agradables ahora. La luz de septiembre habla, y confirma lo que también decía la brisa de ciertos mediodías de agosto: a las cuatro de la tarde, parece noviembre, la luz tiene esa querencia a flamearse, a reflejarse ígnea en las paredes blancas de las casas de mi calle. La luz ahora busca el calor, porque viene el frío. Ya no quiere darlo, sino tenerlo, conservarlo. Pronto lo echará de menos. Es la mejor época del año, junto con abril y mayo, excepto al alba y al ocaso; entonces es desagradable y el tiempo se ríe con la mueca áspera que torturará más tarde, en invierno. Son días agradables, pero cortos. Últimamente, por lo del libro, tengo que hablar de mí, y eso me turba un tanto, porque igual que sería capaz de vivir toda la vida en este entretiempo amable, podría pasarla también sin decir una palabra de mí mismo, tan sólo hablando con los actos, con los hechos. Pero eso no es posible, y menos si uno quiere vender un libro. Cuando me preguntan algo, cuando me interrogan sobre alguna cuestión relacionada con el yo que tengo mío, casi siempre me sobresaltan. Es como si interrumpieran un diálogo interior, como si cortaran ese hilo con el que me comunico todo el tiempo con lo que pasa dentro mío. Nunca sé qué decir. ¿Qué quieren que uno diga? Esas preguntas casi siempre son aviesas. Por eso estaría muy bien usar esa especie de autopropaganda por el hecho y sólo comunicarme mediante gestos consumados, que es la única forma en la que creo posible hacerlo en la gran interacción con el mundo: es mejor dejar las palabras para la burbuja íntima, para lo privado, para la domus. Sin embargo, qué agradables son estos días de septiembre. Qué melancólica es esa luz ocre, la luz de los cementerios en noviembre, la luz de ir a poner flores en las tumbas, el día de Todos los Santos.

Por cierto, todavía quedan muchas armas por coger en este glacis. Dispensen lo perentorio. Pero les conmino. Hagan este viaje conmigo. Prometo aguantar a pie quieto todas las descargas de cólera que la decepción provoque. Sin embargo, qué bien se están portando todos. Quizá sea eso lo que, en realidad, esté haciendo tan agradables estos agradables días de septiembre.

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