26-09-16

26 Sep

Flotan los días de septiembre, en un aire denso de calina, sopor y frialdad. Esa fluctuación atmosférica, ambiental, redunda sobremanera en mi estado de ánimo, tan vaporoso como este tiempo que hiela y quema con una alternancia irritante. Y narcoléptica: toda transición me da sueño, siendo la languidez una fuerza incontenible -bello oxímoron- que domina mi cuerpo y mi mente todo el tiempo; cuanto mas, en los solsticios y en los equinoccios, esas épocas tan lampedusianas en las que todo cambia para seguir igual. El otro día fui por primera vez al Panteón de los Marinos Ilustres de San Fernando, vieja Isla de León a la que hace 200 años le cambiaron el nombre. Le pusieron el de un rey no sólo estúpido y mediocre, sino rastrero, vil y dañino: en un tiempo de revisionismo histórico como es el nuestro, no sé por qué alguna de esas leyes sobre memoria histórica aún no le ha metido mano a Fernando VII, como decía un profesor mío del colegio, el deseado indeseable.

En San Fernando está, digo, tal panteón. Es un lugar comparable sólo al Sacre-Coeur francés, como espacio de memoria comunitaria, que no de patriotismo. La iglesia, por sí sola, merece una visita. Está consagrada a tres vírgenes, patronas de la Armada. Eso es lo de menos, teniendo en cuenta que los hombres que osaron enfrentarse al enemigo impenetrable, líquido e infinito, quisieron siempre encomendarse a deidades femeninas, pues lo femenino es cálido y por tanto, acogedor, confortable y seguro, como una balandra que se sostiene en medio de un holocausto acuático. Hay héroes de todas las batallas ganadas y perdidas por España desde que España era, como la Hélade, tan sólo una aspiración ideal, un vínculo emocional entre vasallos y siervos de tantas coronas dinásticas como dioses sátrapas vinieron a vivir de las ruinas de la antigua provincia romana; pero lo que más me impresionó fue la bóveda hueca, cripta que no se puede visitar, bajo el altar, que guarda los restos de cientos de marinos muertos en dos derrotas trascendentales: Santiago de Cuba y Cavite, 1898.

En casa hubo siempre un tomo muy gordo y ajado. Se llamaba “Reportajes de la Historia” y pertenecía a una colección más grande. Lo había comprado mi abuelo, y por alguna casualidad, apareció en mi casa con el propósito sobrevenido de hacerme a mí luego friki perdido de la Historia. En el tomo se recopilan piezas periodísticas y fragmentos de crónicas diversas: el atentado contra Alfonso XIII el día de su boda, el asesinato de Rasputín, la batalla de Santiago de Cuba o la liberación de París. Recordaré siempre el final del texto acerca de la batalla contra los estadounidenses en el Caribe: cientos de náufragos españoles, arrojados a las playas de Santiago, desnudos, moribundos, abandonados, pensando sin duda por qué Colón hubo de descubrir, cuatrocientos años antes, aquella isla donde ellos estaban muriendo ahora. O algo así.

Siendo yo alguien bastante desapasionado, sentí cierto encogimiento cuando el guía nos trasladó hacia un pequeño rincón del Panteón, exactamente detrás del altar y, naturalmente, de la cripta donde reposan los infelices héroes de las tragedias del 98. Era un sanctasanctórum circular, en cuyo centro había una piscina de la misma forma. Flotando en medio de la piscina, una corona de laurel; flanqueándola, dos lápidas inmensas, totalmente negras, sin nada escrito en ellas. Frente por frente del altar, un sarcófago vacío a los pies de un lúgubre crucificado: era el homenaje a todos los marinos e infantes de marina españoles cuyos restos reposan perdidos en el fondo del mar. Pude advertir entonces la potencia abrasiva de los símbolos: sólo en El Escorial, en España, y en el Sacre-Coeur y en Les Invalides, en Francia, he sentido tal pulsión, honda, reverencial. Junto a la piscina había unas ánforas en las que la tripulación del Juan Sebastián Elcano vierte el agua que recogen durante su travesía anual de todos los mares y océanos del mundo; una vez al año, en solemne ceremonia, vierten ese agua en la piscina. Sobrevolándola, la pequeña cúpula está ornamentada con una alegoría de la Gloria, hacia donde ascenderán las almas de los marinos que descansan sobre la superficie de la tierra cuando acabe el mundo y llegue el Harmagedón; el sarcófago vacío recoge la esperanza, dijo el guía y estas son casi sus palabras textuales -siempre ese prurito mío de periodista, a pesar de dedicarme ahora a escribir novelas: las dos actividades no están enfrentadas, yo soy la prueba de que uno puede dedicarse a ambas sin ganar un duro en ninguna de ellas- de que algún día, los muertos por España que reposan en tierra extranjera regresen a España.

Decía Loquillo que en la fiesta nacional, se quedaba en la cama igual. A mí me pasa algo parecido. Pero, quizá por influencia del manual que recién terminé de Stevenson sobre la Gran Guerra, pienso de vez en cuando en lo imprescindible que es, en la hora del plomo y la tiniebla, tener un entramado emocional común y reconocible sobre el que apoyarse; cuando se abate la noche sobre las familias, sobre el individuo y su completa, rotunda soledad, no es que uno necesite trascenderse a sí mismo (para eso nos inventamos a Dios) sino que necesita consolarse: la conmemoración de los caídos, no por abstracciones sino por algo más tangible como la propia vida, su miseria rutinaria pero su incomparable (y consuetudinario) matiz de libertad viene a representar la argamasa con la que se construye ese edificio que las sociedades sólo habitan cuando se creen en peligro: como cuando uno sólo se acuesta cuando tiene sueño, o pisa un hospital cuando está realmente malo.

2 comentarios to “26-09-16”

  1. Cayetano Gil Gracia 27 de septiembre de 2016 a 8:22 #

    Muy sentido, especialmente el final. Tenga un buen día, Antonio.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: