Mosquito

9 Oct

Tú, mosquito, déspota traidor que velas mi insomnio, sátrapa de mi sueño; con él haces y deshaces tu maldita tela de miedo. Espanto nocturno, tirano, burlador, capataz mezquino, guarda burlador. Te oigo zumbar. Te acercas a mi oído. Tu motor suena desde otro planeta, lejano e irrelevante, más relevante luego, trascendente, más, más, y caes al final en picado como un cazabombardero japonés, rompiendo en cuatro pedazos el Universo. Nada puedes contra mí, o eso creo. Pero tu batalla es en otro plano distinto, planeas sobre mi cuerpo como una nube tóxica. Eres la promesa de una noche en blanco, avanzadilla del castigo, la vanguardia de un holocausto. Eres el martillo de David. Goliat no descansa, tú no le dejas, tú eres el sonajero que le recuerda en cuanto oscurece cuán débil es, a pesar de su potencia. Potencia estática y por tanto, inofensiva. Grotesca y ortopédica, como mi queja, pues Goliat soy yo, y tú David: diminuto, frágil, invisible, menudo, precario, de un manotazo podría aniquilarte y, sin embargo, ¡acertarte sería como golpear la Luna desde el suelo con una piedra! Representas el mal en la esencia primera; vileza primordial, ingrávida como los pensamientos, pues te esfumas y vuelves como ellos en la duermevela, cuando yo, feble, dormito e incluso sueño. Regresas entonces con la zapa, incansable, eres el cepo, la mina bajo mis inmensas murallas de papel, huecas, llenas de aire, de humo, vacías, etéreas. Entras y sales de mi cuarto como un ejército de espectros, y sólo el frío puede contigo, sólo el frío me ayuda…hasta que vuelve el calor, el verano, la muerte, que como la vida, no tiene consuelo. Ni siquiera me alivia matarte: tu raza es la de las letras de una hipoteca, triplica lo que se paga, interés que aherroja con un collar de púas. Ahí estás, otra vez, con tu zumbido horrísono, enemigo de mi descanso. Te envía la vida para prolongar la infinita cadena de pequeñas agonías que cosidas todas, forman la ropa de los días. Con sus trabajos. Y no dejas reposar la piel quemada de la tierra cuando se acuesta, con tu puto aguijón, tan minúsculo, tan dañino.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: