13-12-12

13 Dic

Existe una brecha inabordable entre el autosatisfecho y el escéptico; entre el que necesita conclusiones inmediatas y definitivas y el que sólo tiene la certeza de que éstas son escasas, están escondidas en la espesura de las cosas y cuesta toda la vida hallar tan sólo su reflejo; entre el que vive pleno y cómodo sentado en el sofá de su mundo hecho habitación confortable, segura, monótona, accesible, repetida, y el que se sabe de pie en mitad de la nada, de un páramo, de una estepa fría y yerma donde ni siquiera hay pájaros volando. Supongo que es lo natural. Supongo que es la eterna guerra de hiel, silenciosa, oscura, perdida, entre padres e hijos, entre quienes creen haber llegado ya a donde sea que debieran estar y los que están suspendidos en un vacío negro, colgando de su propia incredulidad.

La guerra que no es más que la derrota postergada, diferida, de los hijos frente a sus padres.

A veces sólo me parece posible hablar conmigo mismo. Es decir, dentro de mi cabeza. Hace tanto frío hoy que me parece estar arañando un cristal blindado. Es imposible atravesarlo.

Imposible. También es imposible rebelarse, encolerizarse. ¿Contra qué?

Sigue haciendo un sol maravilloso. ¿Por qué hace tanto sol, con este frío, con este frío calahuesos, con este grandísimo hijo de la gran puta frío?

Los telediarios de Canal Sur son psicodelia pura. Contienen momentos tan lisérgicos que a veces me pregunto si no estoy drogado, si en la comida no hay narcóticos, si alguien no me estará envenenando. Es el aparato de propaganda a cargo de contribuyentes más refinado, más perfecto, con el sentido de la pervivencia, es decir, orientado a la eternidad, autoinmune, más logrado que existe. Hoy sacaban una noticia: enfermos y familiares de enfermos de cáncer pedían al Gobierno más inversión en investigación científica. Acto seguido, en un tono tan impúdico que me sorprendió hasta a mí mismo (acostumbrado ya largamente al tono desenfadado y fresco con el que periodistas de toda laya tratan la información en España) se informaba que el Gobierno, con dinero público, va a rescatar autopistas privadas deficitarias, al tiempo que se hacía un contraste (el propio presentador del telediario lo hacía, con la más absoluta y orwelliana naturalidad, incluso con un puntito de chulería, como diciendo vean, vean, estos fascistas, a lo Ferreras, ¿saben lo que les digo?) entre lo que cuesta el rescate de estas vías inútiles y, por ejemplo, un proyecto de investigación científica que tenga por objeto encontrar curas para el cáncer.

Si un medio de comunicación público existe, en una democracia, para salvaguardar esa abstracción tan bífida del “interés público” entendido como derecho inalienable del ciudadano a ser informado con diligencia, veracidad, honestidad, de los asuntos y avatares que afecten a la comunidad e incidan en el desenvolvimiento natural de la vida pública, del comportamiento de todas las instituciones que sostienen el sistema democrático, y nada de esto en realidad ocurre, ¿no debería, siguiendo la lógica perversa, por no decir obscena e infame, destinarse cada céntimo de euro que los contribuyentes aportan para financiar dicho medio a, por ejemplo, proyectos de investigación científica que tengan por objeto encontrar curas para el cáncer?

A veces me cansa preguntar y contestarme gilipolleces que sólo me interesan a mí. Bien pensado, para eso tengo este dietario.

Qué sol. Qué sol hace hoy. Y qué pocas ganas.

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