09-01-17

9 Ene

El otro día, día 4, vi el fútbol otra vez en el bar. Conmigo, dos amigos. Ambos, padres. Con ellos, recordé, vi también un partido, sobre Reyes, o en febrero, no me acuerdo bien, hace justo 11 años. Habré visto más, seguramente, pero recuerdo aquello, no sé por qué motivo. Ellos son padres ya. Uno está casado. Era el mismo bar. Entonces el Madrid perdía. Yo bebía lo mismo. Ahora el Madrid gana. El bar está distinto. Nada es igual, porque Heráclito estaba en lo cierto. Reformado, sin barriles de cerveza vacíos. Sin jaulas de pájaros vacías. Sin carteles de corridas antiguas que ya nadie recuerda. Con ventanas. Pintado diferente. Es la vida pegando contra las rocas.

Leyendo a Gelio me encuentro con esto: “La fortaleza, en realidad, no es esa lucha contra natura como si fuera un portento que sobrepasa lo humanamente aceptable mediante la insensiblidad del ánimo, la monstruosidad o cierta mísera y básica ejercitación para soportar los dolores. Muy al contrario, esta es la verdadera fortaleza, lo que nuestros antepasados dijeron que era el conocimiento de las cosas que son tolerables y de las que no lo son. Por ello resulta que hay ciertas cosas insoportables que los hombres con fortaleza deben evitar encontrarse o aguantar”. Un poco Robert De Niro en “Una historia del Bronx”, un poco Epicuro, a pesar de ser él, Gelio, tan platónico.

Si les place, aquí me pueden encontrar.

También llevo con esto algunos meses, por sport.

 

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