Mediadores

7 Oct

Entre tanta analogía con el 36 y tanto corresponsal anglosajón que se cree Orwell o Hemingway en Fiesta, no he leído ninguna alusión a uno de los actores secundarios de la Guerra Civil: el Comité de No Intervención. Fue el gran éxito diplomático de la Alemania nazi y de la Italia fascista. Fue, claro está, otra de las derrotas simbólicas franco-británicas que alfombraron el camino hasta la invasión nazi de Polonia. El Comité de Mediación que propone Unidos Podemos pretende equiparar el estatus de un presidente de Gobierno regional que ha cometido varios delitos y que anuncia que los va a seguir cometiendo, con el de un presidente de Gobierno de un Estado democrático y moderno que ha de velar por el cumplimiento de la misma ley que aquél ha violado repetidamente. No es un disparate: es una ratonera. Los promotores de la iniciativa Hablemos/Parlem lo saben muy bien, pues son los mismos que dirigen Unidos Podemos, cuyas intenciones son más que evidentes: destruir el parlamentarismo del 78 y forzar un proceso constituyente de corte revolucionario. RTVE y Canal Sur, dos entes públicos, citan las manifestaciones “por el diálogo” de este sábado como si fueran iniciativas ciudadanas particulares y espontáneas. Es imposible a estas alturas pensar que todo esto es ingenuidad, poca diligencia en el trabajo periodístico o deplorable candidez. Es algo peor. El Comité de No Intervención vendió a la República equiparando de facto su Gobierno con el de los generales golpistas de Burgos. Fue una cesión cobarde de las dos democracias más veneradas de Europa, Gran Bretaña y Francia, que a la postre no consiguió evitar el choque con los totalitarismos, sino lo contrario. Alimentó su ufana impunidad. Hitler y Mussolini desplegaron ejércitos en España, como también lo hizo el tercer totalitarismo de la Europa del momento, la Rusia soviética de Stalin. El Comité fue una pamema pero cumplió el propósito de fascistas, nazis y comunistas: bloqueó la ayuda legítima a la República mientras enterraba en montañas de trámites administrativos la intervención por tierra, mar y aire de alemanes, italianos y rusos. Unidos Podemos propone la rendición de un Estado asaltado por uno de sus extremos (es preciso recordar una y otra vez que los órganos de autogobierno de Cataluña forman parte del Estado español). Lo indecente es la miopía de quien le compra esta mercancía podrida. Te dirán que vayas a quejarte “de los políticos” naturalmente “sin banderas”, y que ellos quieren “dialogar”, “por que el pueblo no se merece estos gobernantes”, como si a los representantes públicos españoles los eligiesen los habitantes de Sumatra. Y como si no hubiera una bandera, la consignada en la Constitución de 1978, que fuera la que expresa con su flamear el imperio de la libertad, igualdad y solidaridad entre todos los españoles. Como decía Vito Corleone, etcétera.

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