Archive | Críticas RSS feed for this section

Corona de espinas

3 Abr

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Venía sugiriéndome Netflix que viera The Crown desde hacía tiempo. Cada vez que entraba en el ipad me aparecía en sugerencias, tanto, que terminé agregándola a mi lista de favoritos. Seguir leyendo

Los perros de la guerra

6 Mar

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1990. Margaret Thatcher abandona el 10 de Downing Street. Comienza una nueva era en la política británica. Como sucede con todos los temblores, seísmos, desequilibrios y cambios abruptos, el poder se desliza caprichoso por entre las manos de los aspirantes. Es un momento de oportunidades, de liderazgos efímeros, de transiciones. En todas las revoluciones existe una vanguardia que promueve el estallido y avanza contra la guardia de Las Tullerías. Sin embargo, esta primera mesnada muere segada por la violencia de su propia fuerza. El cementerio está lleno de quienes hacen triunfar las revoluciones; los que acuden de inmediato a ponerles flores en sus tumbas son quienes recogen la fruta madura, quienes las gobiernan. Francis Urquarth, el protagonista del primer House of Cards, el británico, es uno de estos recolectores. Seguir leyendo

La venganza de la reina rubia

27 Dic

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Una princesa rubia se desposa con un rey bárbaro, extranjero, feroz, exótico, salvaje, y se convierte en reina. Tiene una gran afrenta que vengar. Acepta ser dada en matrimonio al caudillo de un pueblo nómada y devastador con tal de embridar su terrible poder destructivo y hacerle levantar la espada contra sus enemigos. Hechiza a su nuevo dueño; también a su nuevo pueblo, con el sortilegio de su pelo dorado, de su carne blanca y de sus ojos de brujería capaces de sostener por sí mismos dos horas y media de película muda, e incluso más. Seguir leyendo

Dios guarde a Pío XIII

30 Nov

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Todo lo que imagina, escribe y crea Paolo Sorrentino está nimbado, como las representaciones gráficas de los santos, e incluso de Dios. Su aureola tiene la cualidad tanto de lo bello como de lo profundo: sus películas contienen pequeños ensayos, a veces diminutos y majestuosos, como los que Montaigne escribía en una sola página. Le basta con un diálogo a Sorrentino para fijar una idea; sus secuencias, sus escenas, son sintéticas y sincréticas: a veces las dos cosas, a veces nada de eso. A veces sólo resultan ligeras y mundanas, como lo que parecen sus personajes. Pero en la frivolidad también hay una historia. No, no: en la frivolidad está siempre la historia. Sorrentino es profundo y frívolo, como la vida, que tiene de todo, y hasta exhibiendo lo feo, es bello, igual que el acto de vivir, inevitable a pesar de todo. Bella, frívola y honda es The Young Pope, una película desmenuzada en diez capítulos de una hora cada uno que Paolo Sorrentino le ha regalado al mundo, como si fuera una ternera sacrificial en el altar de la literatura. Seguir leyendo

El derroche de Gance

3 Feb

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Una vez me dijeron que no tenía autoridad para hablar de cine, porque había visto El Padrino con 23 años. Y en efecto, no la tengo. Tampoco la pretendo. Seguir leyendo

Ni dioses, ni gigantes: sólo hombres

8 Dic

Anoche vi Interstellar. Quedé extasiado, como casi siempre que asisto a alguna de estas funciones demiúrgicas. Soy muy impresionable. No obstante, considero que, al contrario de lo que cree la gente, esto me supone una ventaja, digamos, estética: mis filtros son laxos, por decirlo de alguna manera. Entra todo, lo bueno y lo malo; luego paso el cedazo, más tarde, y voy eligiendo por intuición. La comparación con Gravity, tan manida por fácil, no procede, sobre todo en el fondo puesto que en la forma es tan mayestática y salvaje como ella: en donde Cuarón enfrenta a Darwin con el fondo animal, puramente… Seguir leyendo

Hidalgos, escuderos y blue meth (II)

11 Oct

Sin embargo, el idealismo degenera, por supuesto. La nobleza de los principios con los que ambos intentan autoengañarse -desfacer entuertos, desagraviar inocentes, amparar viudas, defender siempre al pobre de la opresión del poderoso; el amor a la familia, el deber sagrado de proveerla, asegurar su supervivencia, etc- al comenzar sus correspondientes aventuras, termina cayendo como el velo que protege la estancia más sagrada de un templo grecolatino: tanto Don Quijote como Walter White acaban asumiendo la propia verdad de la naturaleza de sus locuras. Lo hicieron todo por ellos mismos. Por escapar de sus propias vidas, por alejarse de la mediocridad, por enfrentar sus destinos adversos, por trascender la poderosa jaula invisible donde sacrificaban sus delirios de grandeza: sus fantásticos sueños de juventud -alimentados en un caso por la febril lectura y en el otro, por la conciencia del talento propio y la constatación diaria de la brillantez desperdiciada- ahogados en la ola de la realidad vacía, granítica, inexpugnable: un hijo no deseado que te obliga a descartarlo todo y comenzar de pronto; un tiempo en el que ser hidalgo ya no significaba cortar cabezas de moros, asaltar castillos y rescatar princesas de las garras de un dragón, sino medrar en la corte y buscar un matrimonio conveniente. Seguir leyendo

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