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El padre fundador

10 Jul

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Dice Amaya Lacasa en el prólogo de sus “Narraciones completas”, que ella misma traduce e introduce para la edición de Alba de 2015, que Pushkin es para los rusos “la encarnación de su cultura y su idioma, quien los enseñó a hablar, a ser ellos mismos y a gozar de su propio idioma, a saber quiénes eran y qué sentían”. Sigue leyendo

Pequeño mundo de autor

31 May

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Se puede leer Los hermanos Karamázov y leer con ella todo Dostoyevski. No se lo recomendaría a nadie, naturalmente, puesto que así se perdería uno obras capitales de la literatura universal como Crimen y castigo, El idiota o Los demonios. Pero todo Dostoyevski está en su última obra, que es un compendio genial de sus ideas, de sus temas. Lo decía Houllebecq: no hay ideas nuevas en Los hermanos Karamázov, nada que Dostoyevski no haya expuesto ya en sus otras creaciones. Sigue leyendo

Insomnes y febriles haciendo la revolución

11 May

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Va a hacer cien años en octubre (según el calendario gregoriano) que el Partido Bolchevique ruso tomó al asalto el poder en San Petersburgo, y un periodista americano, a la sazón comunista, estuvo allí y lo contó. A pesar de la no disimulada simpatía de John Reed, un chico de Harvard, por los bolcheviques, dejó un testimonio veraz, un texto en el que pugna por salir la memoria humeante, fétida y sangrienta de la revolución dentro de la Revolución. Y esto es así porque Reed, además de no ocultar de qué lado estaba, también decidió contar todo lo que veía. Sigue leyendo

Vida de los zares

24 Feb

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Cuenta Simon Sebag Montefiore al final de su libro que Stalin siempre se comparó con la dinastía Romanov, incluso nada más conquistar Berlín en 1945. Citando sus propias palabras cuando se hallaba en plena carrera hacia el poder absoluto en la Rusia soviética, “el pueblo necesita un zar. Durante siglos el pueblo de Rusia ha estado bajo el poder de un zar. El pueblo ruso es zarista…está acostumbrado a que una sola persona sea la que manda. Y ahora debe haber un solo jefe”. Sigue leyendo

Gogol, o el cinismo mágico

3 Nov

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Todo el mundo, al hablar de Rusia, o de la novela rusa, piensa: Tolstoi, Dostoievski. Naturalmente, los dos colosos no sólo se vienen a la mente de cualquiera en una charla sobre literatura. Son, así mismo, estandartes inevitables de la cultura europea y universal, y emblemas sinecdóticos de lo ruso. Si el siglo XIX fue fecundo en algo, fue en novelas. El género creció, se expandió, se inventó de nuevo, alcanzó la cota más alta de excelencia, y todo porque, como es obvio, se sucedieron en Francia, Gran Bretaña y Rusia las vidas de los autores más excepcionales de la literatura de ficción: Hugo, Balzac, Stendhal, Dumas, Flaubert, Zola, los citados Tolstoi y Dostoievski, Dickens, Poe en América, Kafka más tarde, en Centroeuropa. No obstante, el caso ruso es paradigmático. A medida que se derrumbaba el insostenible ecosistema social del país, las letras rusas brillaron con un fulgor comparable al del Siglo de Oro español. La analogía con la España de los Austrias es procedente, puesto que la decadencia general, interestamental, política, de las dos naciones, fue quizá el sustrato que fertilizó la tierra que estos genios necesitaban para desarrollar su talento. Sin embargo, hoy día, aquí en España, ¿quién conoce lo que hubo antes de Tolstoi y Dostoievski? ¿Quién los lee? Antes de Zeus fue Urano. Antes de Fiodor y de León, vino, entre otros y sobre todo, Gogol. Sigue leyendo

Un español en la guerra de Francia

5 Oct

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Cuando Francia le declaró la guerra a Alemania y ordenó, el domingo 15 de agosto de 1914, la movilización general de “tout Français soumis aux obligations militaires doit, sous peine d´etre puni avec toute la rigueur des lois” (tal y como rezaba la célebre Orden de Movilización General que hoy venden en el Arco del Triunfo y en la Torre Eiffel como souvenir, en forma de cuartilla) Agustí Calvet estaba allí. Estudiando filosofía en la Sorbona y viviendo en una pensión, la de Madame Durieux, ubicada en una plaza cuyo nombre retumbaba germánicamente: de Fürstenberg, en el corazón de Saint-Germain-des-Prés. Tenía 27 años, y la Gran Guerra, aquella “convulsión incalculable” que él compararía luego con el Diluvio Universal, lo cambió también a él; de licenciado en Filosofía y Letras con aspiraciones de erudito y académico, a periodista bajo el pseudónimo de Gaziel.  Sigue leyendo

Tolstoi, el patriarca

18 Ago

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En 1928, Stefan Zweig pasó dos semanas en Rusia, descritas luego en su Viaje a Rusia. Visitó Yásnaia Poliana, la hacienda de Tula, en la Rusia europea, donde nació y murió Tolstoi, y donde el gran hombre yace “en un claro del bosque”, como dejó escrito. Zweig describió su tumba como lo más grandioso e impresionante que había visto en Rusia. Sigue leyendo

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