Tag Archives: Jerez

Por la ventana del tren

9 Jun

IMG_1764

De Oviedo a Jerez, España es un degradado. De los morriones cantábricos orlados de esmeralda y con borlones de niebla por babero, a los campos de girasoles de la cuenca del Guadalquivir; lomas tranquilas bajo un cielo veteado en cada crepúsculo de un fulgor lleno de augurios al que es posible seguir llamando Europa.

Hogar

7 Nov

(Microrrelato presentado a un concurso y que, naturalmente, no ha resultado ganador) Sigue leyendo

El amor en los tiempos del ébola

29 Ago

Semana número 10

El pasado fin de semana lo pasé en el norte. La diferencia entre la España cantábrica y la España del bajo Guadalquivir es asombrosa. Se trata de dos países distintos. La Historia cuenta que fue la Bética el territorio hispánico en donde la civilización occidental  alcanzó el clímax. Tartessos, Fenicia, Grecia, Cartago, Roma, Bizancio, el Islam, la Cristiandad y todo eso. Al contrario, el norte siempre fue cuna del arquetipo bárbaro: indómitos vascones, astures rebeldes y don Pelayo dando por saco en lo alto de un peñasco. Qué les voy a contar. Sin embargo, no. De Marco Ulpio Trajano a Isabel Pantoja, el sur ha llegado al exceso civilizador. Se ha podrido, es una fruta madura dejada al sol de agosto, un día entero. Se ha llegado a un manierismo extremo, a un recargamiento de todo: Séneca en chanclas con el brazo tatuado y la camiseta de tirantes definiendo cervezas extemporáneas. La fisonomía de los paisajes difieren tanto que recorrerlos en tren, desde Jerez hasta Oviedo, se asemeja a atravesar un cuerpo tumefacto que todavía conserva un busto verde. Sano. Verde, de eso sí, hay de sobra al cruzar la cresta de roca que separa León de Asturias. Entra uno en un mundo nuevo. Plomo en el cielo, bruma en el suelo.

Las ciudades del sor adolecen de firmamentos post-industriales: horizontes de techos cortados de un tijeretazo, blanqueados por un sol criminal; un caserío almenado con antenas que son sartenes y parabólicas negras, como astillas en las azoteas que dibujan un skyline decrépito, algo parecido a una calavera resecada en el desierto perfilada sobre un cielo vasto como el océano. E igual de azul. La España cantábrica, en cambio, con sus fachadas de piedra, sus tejados de pizarra, sus cierros de madera y su mampostería empotrada en recovecos inauditos, te da un manotazo de frescura nada más cruzarla. Sentí una honda tristeza al marcharme. Nunca me gusta abandonar Asturias, pero es que últimamente, al bajar por Puertollano con el tren, tengo que incluso taparme la nariz con una pinza. No les hablo ya, por supuesto, del paisanaje: aquí me repito más que el ajo. Sólo puedo añadir que caminando por la calle Uría, a uno le parece harto improbable que de ahí pueda salir un Amador Mohedano. Y ya que sale ecce homo en la conversación, no puedo sino comentar su último brochazo: cagar en la playa. ¡Qué oda a Duchamp ha dejado, sin proponérselo, grabada para la posteridad! Me voy tres días y al volver encuentro una Chipiona tomada por Telecinco. Las unidades móviles han acampado a lo pequeño y estrecho del pueblo. Los indígenas no habían visto semejante despliegue tecnológico desde que construyeron el faro. Amador Mohedano, descartado del casting de Los Soprano por la excesiva pureza del personaje, decidió homenajear la calidad de las playas, la calidez de las gentes y la vitalidad del lugar, del único modo en que se puede estar a la altura de Chipiona: dejando un ñordo en la arena como símbolo del amor en los tiempos del ébola. ¡Qué arte tiene mi gente!

Caballitos de anís

18 Ago

Semana número 9

Hoy, en la radio, dijeron que iba a comenzar la Vuelta. La Vuelta ciclista a España, se entiende. También dijeron que partiría de Jerez. Ufano, el locutor reseñaba que ya estaba todo preparado en la ciudad para, aprovechando la coyuntura, enseñar al mundo la jerezanía. Las señas de identidad de nuestra tierra. Concretamente, caballos y fino. Enormes figuras hípicas acompañarían a grandes botellas de Tío Pepe, La Ina o Domeq en el escenario desde donde, en medio de atronadores ritmos aflamencados -intuyo- la élite del ciclismo internacional saldría a las carreteras a luchar por la Vuelta. ¡Vaya, qué sorpresa tan bárbara! ¡Vino fino, caballos y flamenco! Por un instante fugaz pensé que alguien, en el Ayuntamiento de Jerez -o, ¡mejor, en la sociedad civil!- habría pensado que la presencia en la ciudad de cientos de medios de comunicación retransmitiendo en directo para todo el mundo un acontecimiento de primer orden deportivo, seguido por millones de espectadores, sería una oportunidad fantástica para redefinir el paisaje mental que Jerez inspira a los individuos allende los mares. Y, de paso, el de toda Cádiz y, por qué no, Andalucía. ¿Pero qué estás diciendo, energúmeno? ¿Habrá algo más nuestro que un gitano de Jerez en lo alto de una jaca, jerezana, por supuesto? ¿Explotar otros conceptos, dices, teniendo el cante jondo y la gitanería gitana? ¡Otra maravillosa posibilidad de rediseñar las constantes vitales del sitio donde nos ha tocado vivir, que tiramos a la basura! ¡Pónme otra cuarta de fino fresquito, jefe, y no te comas el coco!

A %d blogueros les gusta esto: