Tag Archives: Junta de Andalucía

Vida de políticos: Díaz Pacheco

28 Mar

Al hilo de la noticia que saltó ante mis ojos ayer, en Twitter, acerca de la directora del Observatorio de Salud Pública de Cantabria (ente sufragado por la Consejería de Sanidad del Gobierno autonómico cántabro), la miembro de las Juventudes Socialistas cántabras Estela Goicoechea, he decidido probar, en una suerte de experimento informal, mi hipótesis: que la Constitución española propicia, por su naturaleza, un sistema de representación colonizado por los apparatchiks. Voy a empezar, ya que la tengo a mano, con la Presidente del Gobierno autonómico andaluz, y ahora candidata a la Secretaría General del Partido Socialista Obrero Español, Susana Díaz Pacheco.  Sigue leyendo

Correo electoral: la tercera carta

18 Mar

Quiero ser breve, en esta ocasión. Describiré ahora la tercera de las cartas propagandísticas que han llegado a mi casa: la de Izquierda Unida, la tercera fuerza parlamentaria desde 2012 en Sevilla. Izquierda Unida ha participado en el gobierno de la Junta desde esa fecha, formando coalición con la segunda de esas fuerzas parlamentarias, la socialista; de modo que el pacto de izquierdas resultante es el que ha venido rigiendo la comunidad autónoma. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que no de manera satisfactoria, puesto que apenas dos años y medio después de la formación de dicha alianza, la presidenta de la Junta de Andalucía (Susana Díaz) decidió disolverla y convocar otra vez elecciones legislativas.  Sigue leyendo

Comienza la campaña electoral: ha llegado el correo

10 Mar

Me proponía escribir sobre una cuestión y, miren ustedes por dónde, he terminado escribiendo de otra: justo al abrir la pestaña de escritura para publicar una nueva entrada en esta página, recibo la primera correspondencia electoral. El año pasado ya describí someramente las cartas que PP, PSOE, UPyD e IU nos enviaron a nosotros, los ciudadanos, con motivo de las elecciones al Parlamento europeo. En diez días mal contados acaecerán las elecciones al Parlamento de Andalucía. Procedo con la primera de estas cartas, no sin añadir previamente que en pleno siglo XXI, la propaganda epistolar, como la pega de carteles, me parece ridícula, desfasada y obsoleta. Sigue leyendo

Discurso del chamán a la tribu

30 Dic

Desde la alcazaba de Almería, quién sabe si como metáfora sutil de su condición de ciudadela amurallada en la cumbre del socialismo español, Susana Díaz amenizó la cena de ayer de los andaluces que sintonizaban Canal Sur en ese momento. Como todo el mundo sabe, el target decisivo de la televisión pública de la Junta lo constituyen hombres y mujeres comprendidos en esa franja de edad entre los 40 y 85; de ahí, posiblemente, la solemnidad institucional de hacer sonar el himno al principio (ese himno horrísono, cacofónico, inventado por Blas Infante y sacralizado desde los 80 como poco menos que La Marsellesa andaluza) y el cartelito hecho con el Word Art anunciando el discurso con cutre pompa. Susana iba de negro. Su efigie oscura contrastaba con la lechosidad artificial del patio de armas de la alcazaba, iluminada como si fuera un quirófano reflectando en la negrura de la noche almeriense. Sigue leyendo

Propósitos de Año Nuevo

30 Dic

El 30 de diciembre de 2013, Susana Díaz emitió urbi et orbe un discurso de fin de año. A la manera tradicional del Jefe del Estado, la Junta venía haciendo esto desde hacía algunos años. Bajo el engolado índice de mensaje institucional de Fin de Año, la presidenta de la Junta de Andalucía apareció en el Patio de los Leones de la Alhambra granadina de pie, quién sabe si para demostrar que, efectivamente, el movimiento se demuestra andando. Sigue leyendo

Comentario general sobre los planes de creación de empleo en Andalucía (II)

16 May

Yo conocí a algunos de quienes asistieron a esas escuelas-taller. Alguien de Zamora o Albacete puede creer que se trata de algo imposible, de una leyenda negra hilada con alevosía. Esto no tiene nada de fábula. Puedo poner el ejemplo de antiguas novias de buenos amigos míos, incluso también de amigos íntimos, de gente cercana, o de otros tantos conocidos, anónimos de aquí y de allí, de este pueblo o de aquel otro. El sostén del neocaciquismo es esa Andalucía popular, inserta en el agros, en los inmensos vacíos que separan las 9 o 10 ciudades dignas de llamarse así que hay en la vasta extensión andaluza. Núcleos urbanos de apenas 10.000 habitantes, o los que no superan los 20.000, y hasta las ciudades medias, de 50.000 en adelante, cuya alma es absolutamente aldeana a pesar de su término municipal ensanchado artificalmente con pequeños barrios construidos a la buena de Dios que han ido atrayéndose entre sí merced a la burbuja inmobiliaria y a la progresión asimétrica, imposible de catalogar en parámetros racionales, de la vida de estos pagos. Sanlúcar de Barrameda, Dos Hermanas, Isla Cristina, El Puerto de Santa María, y para qué seguir contando, si desde Punta Umbría al Cabo de Gata saben de lo que hablo. Ahí reside el espíritu puramente andaluz, lo virginal de esta sociedad a medio camino entre la Ilustración y la Tradición más mística, más arraigada a la tierra, a los santos que encontraron los pastores en la cueva, a las vírgenes halladas en las oquedades de los árboles. Ahí es donde los partidos, sobre todo IU y el PSOE, se hacen grandes, fuertes, auténticos bastiones, y recrean dentro de sí verdaderas sociedades particulares en las que germinan los modos, las conductas, las actitudes y los procesos que determinarán luego la manera en que en los círculos de poder urbanitas, se abduce la democracia, se malea, se ductiliza, se estruja y moldea como si fuera plastilina.

La cuestión del empleo en Andalucía es como la droga en el Baltimore de The Wire. Encuentra el hilo y sigue la madeja. Follow the money. Los EREs fraudulentos, los escándalos judiciales, son las pústulas. La pus supurando hacia la superficie. Los poderes ejecutivo y legislativo en Andalucía están gangrenados, desde los cimientos. Todas las estructuras de poder en la región están recorridas por la fuerza telúrica de la corrupción: hay un nervio que las recorre de manera transversal, que hiende al sistema en su mismo pecho, que atraviesa cada una de las plantas de este enorme rascacielos sustentado en arcilla. Aquellos buenos tiempos en que pagarle un sueldo a la costra social era hacer una leva forzosa entre los presidios de la costa y embarcarlos a todos en tres carabelas rumbo al Nuevo Mundo, se terminaron en 2008. No hay dinero, pero el sistema se regenera, nace de sus terminaciones nerviosas muertas una simiente que es necrosis pero aun así vive, regurgita: planes de empleo de carácter urgente. Emergencia autonómica, casi nacional: la mitad de los andaluces no trabaja, pero cada ayuntamiento sigue recibiendo X cantidad cada X tiempo -el tamaño de la bolsa depende de lo cerca que esté cada alcalde del palacio de San Telmo- y en cada una de las oficinas andaluzas del INEM se obra un pequeño milagro mensual, bimensual o trimestral. Es como un plan Marshall dilatado en el tiempo. Susana Díaz toca algunos despachos, Madrid abre un poco el puño, los juegos de poder en el intestino de los partidos dominantes amansan las urgencias cotidianas, el default de la Junta sigue sin declararse, el artículo 155 continúa partiéndose el culo desde el altar de la Constitución y a 50 o 100 andaluces de Chipiona, Coria, Pilas, Aljaraque, Alhaurín o El Ejido le tocan 700 euros por 15 días arreglando alguna acera de algún polígono industrial.

Los planes públicos de fomento laboral son bullshit: carroña electoral, cortoplacismo de la más abyecta y miserable miopía política. El Estado continúa obviando su responsabilidad para con el funcionamiento de la economía que ellos llaman micro pero que yo llamo deja vivir a los autónomos. Deja que los recién licenciados puedan asumir una cuota razonable en la seguridad social mientras desbrozan la jungla, y deja que trabajar por cuenta propia resulte rápido, práctico y sobre todo, natural. El tejido productivo de Andalucía mantiene todavía una mentalidad de población ocupada, una resignación colectiva, una asunción de la medianía como si resultase normal aceptar la derrota y sin que la deserción voluntaria no suponga la reprobación de la tribu, sino todo lo contrario: el aplauso. Para qué vas a complicarte la vida, si lo que tienes que hacer es conseguir que alguien te firme las horas necesarias para cumplir la cuota de 6 meses exigibles para cobrar el PER. Para qué buscas el lío, si los 420 euros de la beneficencia estatal están ahí, tan cerca, tan sencillos. Si yo tengo un compadre que me firma horas como autónomo colaborador en su empresa de Trebujena, y sólo con aparecer por allí y firmar una vez cada 15 días me sirve. Este es el discurso, la dialéctica que ha terminado sustituyendo a aquel mensaje de la España antigua, de los 90, del trigo sin recoger: tú no te compliques la vida, sácate unas oposiciones y vive del Estado. Vida resuelta a los 25 años.

Yo sé, yo tengo las pruebas: esto pasaba, y sigue pasando. Cuántas familias no viven así. Matrimonio con hijos que juntando las peonadas del marido y las de la mujer logran el éxtasis de Santa Teresa en un pueblo andaluz cualquiera que es alcanzar el cupo y poder ir al INEM a sellar la ganga. El Estado se materializa en Andalucía en la figura anacrónica del pater redentor del que sólo cabe esperar regalos, indulgencia, limosna o violencia. Nada más. Nunca hubo comprensión exacta de las cosas, jamás la ley se hizo patente en este far west por el que han pasado todas las civilizaciones constructoras de Occidente y que a lo mejor por eso ya está de vuelta de todas las cosas, y más allá de las 10 ciudades nunca permeabilizará la racionalidad. La fórmula es distinta, pero la trampa social, el agujero sociológico, la ratonera, es la misma. La vieja narrativa social ha quedado obsoleta, inservible, y uno se pregunta si al final la crisis no va a tener más beneficios morales que perjuicios. Si esta sociedad enferma dejara de embelesarse con la imagen reverberada que de sí misma le devuelven los miles de millones de espejos que jalonan su minúsculo espacio vital, si tal milagro ocurriese, aun no siendo suficiente, sería el mayor logro ético de los andaluces desde el nacimiento de Velázquez.

Comentario general sobre los planes de creación de empleo en Andalucía (I)

7 May

No paro de escuchar a portavoces de la Junta, y a la misma presidenta, hablar acerca de planes estratégicos de empleo. Susana Díaz quiere, pide y promete grandes soluciones taumatúrgicas: “regeneración laboral paliativa” podría llamarse esa suerte de planificación de emergencia a la que se alude desde San Telmo para inyectar esperanza a una población asolada por las estadísticas. Más o menos la mitad de los andaluces en edad de trabajar no lo hacen. Una sociedad así, simplemente, no puede sostenerse. A pesar de que quienes no viven aquí elucubran explicaciones generales acerca de este problema, vagas e inconclusas, la realidad de la cuestión precisa un análisis muy fino que alcance las causas verdaderas o al menos orille los tópicos tan manidos en los que se refugia el acercamiento superficial al drama del trabajo en Andalucía. Susana Díaz habla, y no cesa, de la necesidad de una gran inversión, de una mastodóntica inyección financiera que alivie la tragedia de la región más poblada de la península. Sin embargo, Andalucía viene recibiendo ingentes cantidades de dinero desde hace décadas. Fondos dedicados a la cohesión social, ese sintagma tan abstracto y que a nada obliga. Millones de pesetas y ahora euros que llovían sobre la comunidad menos desarrollada industrialmente como el maná destinado a equilibrar desajustes seculares y despegar Andalucía del campo: hacerla viable en una Europa competitiva, convertirla en un granero de algo más que votos socialistas. Dibujarla, en suma, como una tierra fecunda capaz de erigirse algún día -remotísimo, visto ahora con la perspectiva del tiempo- en motor de la España emergente con la que soñábamos.

Yo puedo hablar de todo eso sin que la crisis me enturbie el juicio. Casi 4 décadas de autogobierno no han traído aquí más progreso que el minimum lógicamente exigible a un territorio que se mueve dentro de un país cuyos resortes de poder avanzaron desde una dictadura cuasi autárquica hacia una democracia liberal inscrita en el circuito de la Europa occidental de finales del siglo XX. No más, tampoco menos. Andalucía es un territorio anclado en un caciquismo transversal de corte moderno pero cuya factura es irremediablemente antigua. Su fragancia es la misma que el del viejo sistema paternalista y feudal que dominaba amplias zonas de España durante el siglo XIX. La fotografía, el instante, es idéntico: sólo que ahora el acceso a la cúspide se hace mediante dura y larga oposición dentro de un partido político. La estructura clientelar atraviesa ayuntamientos, diputaciones, mancomunidades y empresas públicas en una jerarquía marcadamente piramidal. Todo nace en Sevilla, se cuece en la olla de pocos kilómetros que abarca la Ronda de Capuchinos, donde se ubica el Parlamento, y el Paseo de las Delicias, allí donde está levantada la magnífica portada barroca, tan andaluza, tan labrada, tan sobrecargada de elementos y retruécanos marmóreos, del Palacio de San Telmo, sede del gobierno autónomo de Andalucía.

Para quienes habitan este espacio opaco, lleno de recovecos y ángulos muertos, morada habitual de pelotas, sátrapas, saltimbanquis de la cuerda y advenedizos sin ningún tipo de pudor y escrúpulo alguno, un 40, un 50 por ciento de la población activa de Andalucía sin nada que hacer cada mañana a las 8 no significa más que una estadística. Un número, una cifra molesta, un dato que utilizar como estilete contra el que se sienta en el escaño de enfrente o, verbigracia, una maravillosa oportunidad. Un 40, o un 50 por ciento de gente sin ingresos con los que alimentar a su familia también es una bolsa gigantesca de potenciales votantes a los que azuzar con migajas para que acaben tirándose de cabeza al depósito de gasolina electoral con el que funciona IU, PSOE o PP en Andalucía. Entra aquí la maravillosa concupiscencia de todos esos secretarios, subsecretarios, delegados del gobierno, coordinadores generales, convergentes todos en un mismo punto: reduzcamos todo plan general de empleo a una sola idea, táctica infalible, implacable lógica partitocrática destinada a la supervivencia de un modo de satrapía tan eficaz en tanto en cuanto usurpa el mecano de la propia democracia para su sustento y viveza. Démosle 500 euros mensuales durante 4, 5, o 6 meses a cada uno de todos esos jóvenes entre 16 y 20 años que no acabaron la ESO mediante la fórmula, administrativamente perfecta, abracadabrantemente mágica, de la “escuela-taller” descrita en los boletines oficiales del Estado como lugares donde reciclar gente inválida para el beneficio común de la sociedad y materializada en la terca realidad cotidiana como aulas de esparcimiento donde el 60% de los que comparten generación conmigo tocábanse las pelotas a dos manos por 7 euros la hora pagadas del erario público. Y esto ocurría en los felices años 2000. Otro día les iré detallando cómo ha ido evolucionando todo ahora que nos acercamos a Burundi, impasible el ademán.

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